14 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

Todo, todo, termina por poseer alguna incidencia inmediata, o mediata, en el curso de las tendencias bursátiles. Muchas veces el inversor supone que al no resultar algo íntimamente relacionado con la actividad, lo que tenga que ver con medidas para el mercado, o normas contables, o aquello que provenga de lo financiero, o del mercado de cambios, es ajeno al ser bursátil. Pasado cierto lapso, surgen las primeras consecuencias de aquellos tópicos a los que no se había considerado como peligrosos (o, también, favorables, si cabe el caso).

Lo sucedido con las sanciones virtuales (que funcionarios del Norte prefieren no admitir como tales) impuestas al comercio regional, por variados motivos, mereció el título de tapa de Ambito del jueves, donde se leía: «El castigo de EE.UU. ya afecta a 16 provincias». Y en lo que hace a lo particular se agrega un motivo más de análisis para el momento de evaluar balances de sociedades. Se tendrá que sopesar quiénes no se verán afectadas y quiénes sí. Con el subgrupo -más amplio e intrincado- de las que se vean perjudicadas en sus ingresos o producciones, por ser directos proveedores de las empresas que sentirán el efecto a pleno.

Días atrás, al comentar el balance de Siderar, extrajimos para el lector -en «el rastro»- el dato adicional que antes posiblemente dejáramos pasar por alto, por no ser tan útil. Y es el porcentaje de sus exportaciones que tienen dirección a Estados Unidos -16%- y en una etapa donde el mercado interno está «tironeando» tan firme de sus productos, que ha dejado un tanto en segundo plano al exportar efusivamente. Pero ahora es un dato para tener en consideración. Y, por caso, ¿qué será de los limones de San Miguel, que vino luchando tanto tiempo para voltear vallas de entrada en tal camino? Y así, también se pueden agregar exportaciones de aluminio de Aluar, pero también productos menos obvios y que vienen menos a la memoria inmediata.


No todo está surcando por la tasa de Bernanke, hay otros disturbios que aquejan a la tendencia. Y en el orden también local, ese afán controlador de nuestro secretario de Comercio Interior que -al parecer- podría contar con la siempre afable actitud legislativa que se subordina a cada nuevo gobierno, con normas para aplicar a gusto y placer sobre los comercios, no ya sobre empresas. Afán de seguir embotellando inflación, búsqueda de control casi obsesivo y que puede generar sus efectos a cierto plazo: no, precisamente, como estímulo para inversiones o ganancias. De nuestra posición en el mundo, en lo político, mejor ni hablar. Tal vez está acorde con una historia plagada de « agachadas», donde solemos simpatizar con bancos equivocados. Un entuerto.

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