23 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

De Internet y el joven Jonathan (cupones II). El que no leyó la columna de ayer no es que se haya perdido algo muy importante, en lo que hace a nuestra nota, pero sí era muy delicado asunto. Mucho más que para tratarlo como una pincelada colorida, que es como suele hacerse. Se trata del caso del jovencito que a los 12 años, en tierra de Wall Street, provisto de un dinero que timó a su padre y con la herramienta de Internet, se puso a comprar acciones. Y, ya que estaba, envió miles de correos haciéndose pasar por « asesor financiero» y recomendando vivamente sus acciones (como que iban a subir velozmente de dos a veinte dólares). Rastreo de la SEC, dieron con el domicilio, el joven devolvió unos 270.000 dólares (involucrados en la arenga de compra) y le dejaron retener cerca de medio millón de dólares, considerando que eran legales...

Algunas disquisiciones realizamos ayer, dejando algunas para seguir hoy. Seguramente que otros, más dotados que nosotros, podrán hacer muchas más y más profundas. Lo que queremos, como pretensión, es que cada uno repare más en el caso -lo piense- y no lo tome como simple picardía juvenil, o anécdota divertida. Pero, por éste y otros muchos casos más delicados, de los que ha dado cuenta, se nos ocurre exclamar: ¡qué fenomenal adelanto es Internet y lo que puede hacerse al utilizar bien el sistema! Al unísono en paralelo también nos alarmamos: ¡qué peligroso instrumento está tomando cuerpo en el mundo, con tantos que lo aplican con mentes perversas en todas direcciones! ¿Quiénes predominarán, los buenos o los malos? Puede ocurrir como en las tendencias bursátiles: que las bajas son menos, pero sus consecuencias son más veloces y letales. El daño que se puede causar en las naciones resulta casi imposible de imaginar, si solamente con algunos «niños» hábiles ya se constataron problemas mayores (no en finanzas, un mal menor si se quiere, sino en la propia seguridad de un país).


Por otra parte, ni queremos pensar en algún operador como Jonathan que llegue a infiltrarse en nuestro sistema y con la precariedad de recursos para intentar un operativo, como el que hizo la SEC (lo siguió durante dos años, hasta poder descubrirlo). Y si este joven de sólo 12 años armó una cartera de acciones «chicas», que rindieron en muy buena forma, vaya un párrafo de admiración hacia él: acaso, un futuro Warren Buffet.

Lástima que quiso hacer lo que muchos jóvenes quieren en el mundo actual: fortuna velozmente, sin importar los medios. Y se recibió, al mismo tiempo, de inversor brillante y estafador vil, asumiendo que no importaba mentir a miles de personas, con tal de que subieran sus acciones. Cosa que muchos adultos, pretendiendo «chapa» de asesores, habitualmente también concretan. (Pero ésa es otra historia...).

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