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29 de diciembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Al parecer, según nos contó días atrás un buen colega, se han realizado sondeos de tipo internacional y existe una suerte de coincidencia entre los consultados acerca de que 2007 puede resultar «un muy buen año para las acciones». ¡ Bienvenido sea! Pero, en tal tipo de muestras que se hacen públicas y se echan a rodar, preferimos siempre la gran cautela. No por los pronósticos en sí, después de todo no pasan de ser una opinión y tan falible como todas las que tratan sobre el futuro, sino porque desconfiamos de la veracidad empleada para tales opiniones vertidas. Y veracidad, como es sabido, se refiere no en sí a la verdad que se cumpla en la realidad -que puede ser otra- sino en volcar exactamente lo que cada uno piensa, con total honradez.

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Aprendimos desde hace mucho que las recomendaciones, o pronósticos a viva voz, suelen esconder la intención real del que los difunde. Y si bien se puede considerar como una deslealtad en base a la veracidad que se desea, congenia bien con los intereses de los involucrados.

Ningún profesional que maneje carteras de alguna densidad irá a mencionar abiertamente que algo está para comprarse, o venderse, si no es que previamente lo ha hecho y necesita adherentes para apuntalar su propia posición. Y si le cuentan que hay que comprar, probablemente se pongan en vendedores cuando se pronuncie una corriente que sigue los consejos del «gurú», del especialista, del administrador, o como se lo quiera llamar. En nuestro medio, en la última oportunidad donde floreció un boom (allá por 1991) estalló una fuerte rama de los «paper», de los folletos con recomendaciones, y se llegó a distorsionar la positiva función que pudieran cumplir tales informes. A tal nivel que los bautizamos en aquel momento -a muchos de ellos- como los «Curro's Brothers»: denominación que causaba mucha gracia en el ambiente y que, además, prendía la luz amarilla para cuidarse de los que van en una dirección con la palabra y en otra con el dinero.


Arrojar un pronóstico sobre el año accionario tiene una posibilidad alta, 50%, de resultar acertado: hay dos chances solas para medir el resultado final, que salga bueno o malo. Pensamos que en un mundo donde ya ni el clima goza de buena salud y da sopresas funestas en todas partes; donde todos vivimos con cierta angustia por dónde estallará algún conflicto bélico que revuelva todo, y donde lo económico tiene ciertas sombras extendidas -con China como protagonista- sintetizar en la simple frase de: «será buen año para las acciones» es una expresión de deseos (y si falla nadie le pasará factura), pero lo sensato nos indica que se hará Bolsa al andar. (Y en el camino, como siempre, se deberán sortear piedras.)

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