6 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

Sin estar conformes ni acordes con las evidencias, la simple estadística que mostró a nuestro mercado hasta más bajista que otros de la región, se siguen leyendo comentarios que transitan por los que debieran ser ya cajoneados conceptos. Hoy por hoy, donde cada vez parece más veloz el contagio: y frente a temas de porte asemejan todos los recintos bursátiles del mundo ser uno solo, no se puede estar enarbolando que por aquí nos irá mejor en la epidemia «porque la economía está protegida por reservas, superávit fiscal y comercial, etc., etc....». De paso, después de tanto elogio a la supuesta coraza, se pretende ignorar que en los informes de organismos internacionales se prosiguen objetando varias cuestiones de la economía local (entre ellas, el propio sistema bancario).

Sólo falta que refresquen la expresión de «blindaje», con tal de inyectar en los incautos -no quedan muchos, por fortuna- la sensación de que la Argentina vive aislada, con sus bondades, mientras que los demás habrán de sufrir y nosotros consolarlos. Y eso que en los primeros cimbronazos, desde el terrible martes de la primera caída, ya se pudo tener en carne viva lo que sucedía con nuestro Merval. Si se produce una zona de calma, o de ciertas recuperaciones, seguramente nos plegaremos a esas facetas. Y si sobrevienen recaídas, como el viernes, también estaremos lamiendo heridas.

Ya tenemos bastante con funcionarios y gobernantes endulzando oídos, o maquillando realidades, como para que también llegue desde supuestos analistas una mala transcripción de los sucesos y -lo que es peorqueriendo despegar el destino de nuestro mercado, de lo que pueda ocurrir en el mundo. Hay que ser tan simples como asumir que nos beneficiamos de pertenecer al club internacional que deriva inversiones desde afuera, en época de bonanza. Y que la otra cara de ello, es seguir perteneciendo al mismo club cuando llegan horas delicadas, y se vende en todas las Bolsas.  


Es más, lo más dramático que podría sucedernos es que por algún lapso aquella falacia de «estar protegidos» se hiciera realidad y el Merval pasara indemne, sin seguir la tendencia negativa global. Porque después llegaría la ola gigante vendedora a deshacer posiciones y generando un verdadero cataclismo, fulminante.

Corresponde al inversor sacar conclusiones, leyendo opiniones y seleccionando las que poseen una base de sensatez, para después poder llegar a propias conclusiones. Tarea indelegable, hay que decidir por propia deducción -aunque se tenga en cuenta opinión de terceros- y llegar a la primera visión; saber qué este tipo de situaciones se sabe cuándo comienza, pero no cuándo termina. Ni qué tipo de réplicas más lejanas pueden hacer futuros impactos. No se soluciona de una semana para la otra, en su fondo, por más que la superficie se pretenda recomponer. Hay turbulencias en el mundo. Y no son menudencias.

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