Cuando todavía está fresca la «huida» bursátil de Metrovías y haciendo todo mal, a saber: la sociedad enviando la noticia a mitad de rueda, la entidad que suspende -bien tomada la medida- la cotización hasta, supuestamente, que se «difundiera la noticia» y que, al cabo de un rato, la devolvió a la cotización dentro del mismo día.
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Interpretando, quizá, que una correcta difusión se produce sólo dentro del ambiente y en un lapso perentorio. El resumen de lo anterior viene a cuento, porque a las pocas ruedas surge otra noticia de suma importancia para la vida de una sociedad: y el derivado de esto resulta todavía más cuestionable que lo anterior. Mucho más.
El caso: Celulosa Argentina (que era de un grupo de control uruguayo). El detonante: el envío de una misiva a la, también totalmente falta de la mínima ética y donde es recepcionada el pasado miércoles 30 de mayo... ¡a las 16.20! Allí se relataba lo que el grueso de la gente se enteró al día siguiente, en los matutinos: que habían ya acordado la venta del «paquete» de control a otra firma. Dato esencial, faltante: no se menciona el monto de la operación -para saber a cuánto por acción se la pagan- y hacen referencia a que «se adjunta copia del contrato» (de compraventa).
Sin embargo, el asunto no es tan simple. El detalle que faltaba: la Bolsa de Comercio colocó una nota al pie, aclarando que «el contrato a que se hace referencia aún no ha sido remitido a esta entidad y ya fue solicitado». Nota llegada a 40 minutos del cierre, sin haber incorporado lo principal, una desprolijidad total. (Por llamarlo de alguna manera, claro.)
¿Fin de la historia? No. Es una secuencia más colorida. Porque el papel de Celulosa, que el día anterior no llegó a operar ni 70.000 acciones y cerró a $ 2,40, en la rueda de la noticia, hizo 616.000 títulos (subiendo casi diez veces en su volumen nominal) y trepando gradualmente hasta concluir en $ 2,90, con más de 20% de aumento. Y no fue sólo desde el arribo de la nota, sino que se desplegó por toda la jornada una voraz demanda. No sólo describimos, también opinamos: en primer lugar, otra empresa fuera de lugar y con poco respeto por la oferta pública, enviando nota crucial a menos de una hora del cierre. Adjuntando datos que nunca adjuntó, los esenciales. Mal la entidad por no suspender cotizaciones hasta el otro día, principio indispensable para que todos entren en conocimiento de la novedad. Y algo más: el volumen delata que se movió su plaza de manera tan decidida y desmesurada, como si se hubiera sacado partido de lo que vendría. Y así, se completó una zaga funesta para el sistema, que se compuso de: Metrovías, pasó por lo de DACSA, y remató con Celulosa. Merece analizarse a fondo.
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