Redrado declara que «le preocupa la inflación». Simple exposición que puede ser avalada, sin problemas, por propios y extraños. Desde la cúpula del poder político, salen de inmediato a amonestar al titular del Banco Central. Redrado, sorprendido seguramente por la reacción, trata de socializar el concepto y hacerlo general. No le preocupa sólo la de aquí, sino lo que pasa en el mundo. Fin del episodio, por ahora, ese tipo de «facturas» se anotan y se pasan a cobrar en cualquier momento, tal los «códigos» que parecen regir en este gobierno. Una sola opinión, aunque sea tan lavada e inocente, puede costarle el cargo a uno. A Redrado ya le costó el suyo, en la CNV de aquel entonces, por haber dado opinión que a Cavallo ministro lo enfureció. Y le hizo la cruz. Intentó ver en persona a Menem, antes de renunciar, y no lo atendieron. Esos «códigos» ya funcionaban antes. Lo curioso es que le pase dos veces al mismo personaje, en distintos gobiernos, y con cargos diferentes. Esto es por olvidarse de que en nuestro medio se puede variar de nombres en el poder. De tono, pero no de color. Además, se salió de marco en lo que viene resultando un principio vertical: no hablar de inflación, que no sea dar por válida la oficial. Y, mucho menos, mostrar «preocupación» por ella. Si no se habla, no existe...
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Resultó una semana signada por los que están o estuvieron en funciones de bancos centrales. Sorprendió también Alan Greenspan, como en un ataque de sinceridad, devaluando su imagen. Después de haber sido el que alertó con más énfasis, acerca de lo que se estaba viniendo en la economía de Estados Unidos, reconoció ahora que «no vio venir la crisis hipotecaria», cuando todavía estaba en funciones. Y hasta desechó opiniones de economistas, que le vaticinaban «efectos nocivos de la burbuja inmobiliaria». E insistió: «Realmente no me di cuenta»...
Más que la confesión, que ningún favor le hace, sorprende su salida de apuntalamiento al actual titular de la Fed. Porque, según Greenspan, Ben Bernanke «está haciendo un excelente trabajo» en esta situación de crisis.
Y machucó sobre el tema: «Yo no estoy seguro de si hubiera hecho algo diferente». Un respaldo tan explícito, de parte de quien fogoneó la idea de un colapso y colocando en grave dilema a la Reserva Federal con sus proclamas en conferencias diversas, no puede menos que causar extrañeza. ¿Cómo queda el cuadro si se reúnen las dos declaraciones? Que Greenspan no lo vio venir y que Bernanke hizo todo fenómeno: pasado a la realidad, el desastre se desencadenó y hoy en día no se sabe bien de qué manera se puede extinguir. En una palabra, desde la entidad que es indudable rectora no sólo de su país, sino del mundo occidental, el mensaje que se envía: es que hay tanta negligencia y desmanejos, como para poner los pelos de punta. El que es rector no tiene casi margen de error y lo que aquí se contó: es digno del «subdesarrollo».
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