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4 de febrero 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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Salvo en zonas muy puntuales uno se detiene a repasar cuántas son las actividades que viven de los mercados, y qué fabulosa «industria» se monta sobre el dinero de los inversores. Como para tomar la frase, que anda repitiendo como si fuera un hallazgo, que nuevamente lanzó Henry Paulson acerca del plan de estímulo fiscal. Este señor, secretario del Tesoro de Estados Unidos, se queja de que el Senado pueda analizar y modificar, o agregarle cuestiones al plan que anunció Bush.

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(Si estuviera aquí no tendría ningún problema, los «muchachos» levantarían la mano aprobando lo llegado del Ejecutivo y todo el mundo tranquilo).

El caso es que el funcionario dice que si le retocan los términos originales esto «corre el riesgo de parecerse a un árbol de Navidad». Suponemos que se refiere a los árboles de Navidad demasiado cargados, aunque también los hay sobrios, elegantes, decorados con gusto y sumamente atractivos. En este «plan estímulo», el gobierno pretende mover 157.000 millones de dólares y -además- no quiere que nadie se lo esté analizando, u objetando en algún aspecto. Esto sería propio de ver -justamente- en ámbitos como el nuestro, extraña que en el país que ejerce el liderazgo mundial cada vez se destiñan más con sus procederes. Lo que dice Paulson, en queja, resultaría más natural de ver en países menos afectos a respetar la división de poderes y ser, subordinadamente, presidencialistas. Pero, se ve que todo se sigue devaluando en el mundo moderno y cuando las papas queman, se caen las máscaras. Sería bueno que alguien del Senado le replicara a Paulson, preguntando por qué no se ocuparon de desmantelar el gran «árbol de Navidad» financiero, que llevó a ésta situación extrema.  

Y, justamente, se conoció un mensaje del FMI en el fin de semana, donde apunta a que las «aseguradoras» podrían resultar las grandes víctimas del descalabro que se presentó con la crisis de las hipotecas. ¿Víctimas?, podrían ser sólo víctimas de la propia codicia y de transgredir sus marcos tradicionales, saliendo a respaldar bonos. Y dándole identidad al gran «árbol de Navidad» que venían adornando banqueros, pseudo banqueros, oficiales de crédito, audaces que potenciaron el sistema convirtiendo todo eso en bonos. Y creando una enorme burbuja inmobiliaria/financiera sobre la que no se ejercieron controles, ni se lanzaron reparos. Todos se fueron sumando, cabalgando a lomo de los mercados, sin olvidar a la industria de la «calificación» que hace también lo suyo, para incorporar alguna bombita más al «árbol de Navidad». Pero, se ve que Bush y Cía. quieren emparchar velozmente todo. y si atrás viene inflación, que se arregle el que llega después... (Parece argentino).

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