Nos dice un lector: «La verdad, me había olvidado del caso aquel de LTCM y todo el miedo que se había generado. Y eso que fue nada más que hace diez años...». Justamente, puede ser -y en el inversor se da con más acento-aquello de que nuestra memoria tiende a querer borrar los malos momentos. Es el modo de seguir encarando no ya una inversión, sino la vida misma. O sería para el suicidio tener que arrastrar la cruz -cada vez más pesada-de los pasajes vividos que nos marcan mucho en el tiempo de los hechos. Y así como el lector, con su amable referencia a que ha leído esta columna, no nos dejó salir de los recuerdos de hace un tiempo atrás, se produjo además la reaparición en los medios de Alan Greenspan. Y el «viejo» se mostró ofuscado, porque le están lloviendo críticas a la última parte de su gestión y apuntándolo como el hacedor de lo que sucedió después con las hipotecas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Un ataque al que no adherimos, de tantos otros que hemos visto también en nuestro medio: porque detrás de alguien que se ha ido, han venido otros y con la oportunidad de corregir lo que estaba mal hecho (si es que lo estaba), pero que quieren dejar su moral tranquila, acusando a los antecesores de los desastres de hoy.
Y vuelven a quedar en descubierto con una falacia: el criticar la época de las tasas bajas de Greenspan, cuando en estos momentos siguen clamando por dinero más barato cada vez. Y que con un retoque más, ya se situará en el nivel que se permiten criticar. Siguiendo el hilo de las acusaciones al pasado, ahora la Fed debería no sólo no bajarlas más, sino subirlas. Porque si corre dinero «barato», algún nuevo lío estarán armando.
En cambio, aquello que sí comentamos en la anterior columna, sobre un Greenspan que propugnaba derogar normas que venían desde la Gran Depresión -en vez de ajustarlas y modernizarlas, adaptadas a los desvíos actuales-nos parece que merecía una crítica severa sobre el ex titular de la Reserva Federal. Y el mejor testimonio es lo que ha ocurrido ahora, que acaso se podía haber evitado si una década atrás se corregían esas leyes, se marcaba bien el territorio de actuación de cada segmento financiero. Y se acentuaba el poder de policía, para que lo que amenazaba con querer instrumentarse pudiera ser truncado a tiempo. De lo último que comentó Greenspan, además de sentirse ofendido por lo que le dicen, hallamos criticable su posición resignada. Y cuando expresa que con los mercados en crecimiento será siempre inevitable la formación de «burbujas». Pero una cuestión es la formación de algo por presiones naturales -como una Bolsa que desborda demanday otra es armar toda una maquinaria técnica, con visos de ser correcta, terminando en estallidos que abarcan desde bancos hasta gente común. De lo contrario, habrá que sacar pasaje para el próximo estallido, sin poder hacer nada para evitarlo. Y eso es lamentable.
Dejá tu comentario