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28 de julio 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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La pasada semana hubo un episodio internacional, que a raíz de un -supuesto- hecho fortuito, deslizó una opinión relacionada con la crisis actual y por parte del presidente George Bush. Por si algún lector no se enteró en su momento, al parecer el mandatario solicitó que se apagaran las cámaras y cerraran los micrófonos -después de haber dado cierta conferencia de prensa- y quedó hablando con los periodistas, en una suerte de intimidad. Se dice que allí, a uno se le ocurrió grabar sus dichos con un celular y -después-enviar a los medios las expresiones de Bush. Al día siguiente aparecieron grandes titulares, inclusive aquí, rescatando una frase colorida. Y Bush habría dicho algo así como: «A Wall Street le dio una borrachera. Y ahora está sintiendo la resaca...». Nada del otro mundo. En todo caso, una metáfora bastante utilizada en todo orden. Tampoco suena a irrespetuoso, en cuanto a la apreciación que compare a los tropezones que da el mercado, con los que deja la bebida (y también, a la mañana siguiente de la borrachera).

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Lástima que sirvió como para focalizar el problema, y tratar de inculcarlo en la gente, en las bajas de Wall Street. Porque el mundo bursátil, que tantas culpas carga en la historia, en esta situación no fue otra cosa que una víctima más de lo que hicieron los «respetables» banqueros, administradores, fiscalizadores y hasta organismos de control del Estado, en terrenos alejados de lo bursátil. Que si la hubiera aplicado al suceso de unos años atrás -con las «tecnológicas» y el gran derrumbe- hubiera calzado justo, pero no ahora.  

Aquello de 2000 resultó una «implosión», por causales bien atribuibles a la burbuja y exageración de cotizaciones, sobre ciertos rubros de punta (Internet).

Lo que se sufre ahora es una «explosión» cercana, que lo alcanzó de lleno con las esquirlas. Con todo el desastre, armado sobre tan clásico esquema de la hipoteca sobre inmuebles. Y lo que se hizo con ellas, a partir de banqueros audaces, que procuraron quitarse el peso de encima y convertirlo en «bonos». Lo demás fue un encadenamiento, para que todo fuera a terminar en el centro de una escena bursátil, y que pagara los platos rotos.

En síntesis, que la descripción de una simple «borrachera y resaca en Wall Street» en realidad no fue por embriaguez propia. Y muy lejos de ser tan sencillo y pasable, como una borrachera, después se convirtió como en un «hígado» de la economía norteamericana, con principio de «cirrosis».

Ni tan simple la enfermedad, ni aplicable a un culpable que no ha sido. Y el mal partió de mucho más arriba, que de los que frecuentan Wall Street. En una madeja de banqueros y funcionarios... bien embriagados.

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