20 de agosto 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Nunca llegaremos a saber los argentinos, o quizás alguna vez un político sin compromisos lo pueda explicar, las razones por las que una empresa -un bien público, estatal- no presente a la sociedad sus estados contables: en forma y en tiempo (esto último también es fundamental). En pocas palabras, los porqués una sociedad del Estado no puede asimilarse a las normas de una compañía de capital privado y que sea «abierta». Después, cuando cunden versiones (como lo de AySA recientemente, sobre que tenía que pedir prestado para pagar los sueldos), los funcionarios se muestran profundamente ofendidos. Y los directivos de esas empresas, más todavía: ellos, que no se dignan mostrar los números y solamente balbucean algunos conceptos («tenemos rentabilidad», «somos eficientes», etc.), además, se ofenden si se les pregunta por esa actitud cerrada: y como si las compañías fueran de ellos. Siguiendo al amigo Chávez, que como último manjar se quiere despachar a una cementera mexicana, confiscándola; la moda en nuestro país se va acrecentando.

Visto lo que dijo el grupo español, acerca de Aerolíneas y los acosos a que fueron sometidos (extendido a otras empresas, como parte de una táctica sistemática para que puedan capturarse), lo más sencillo es afirmar que tal cuestión no es cierta. Después de todo, los españoles han dejado mucha tela propia para cortar y que se les echen encima con acusaciones. No siendo -seguramente- el mejor ejemplo para defender, en cuanto a sociedades que fueron a manos privadas en nuestro medio. Pero, si se repasan actuaciones previas y cómo terminaron las maniobras de hostigamiento, hay que creer en que no todo lo que mencionan es sólo imaginación.  

¿No sería tan transparente para un gobierno que las sociedades que vuelven a ser estatales deban enviar toda la actuación a la Bolsa de Comercio, en tiempo y forma? De paso, quitarán problemas al propio gobierno y evitarían que se enquistaran malas gestiones de manera permanente: que culminan por ser un nuevo déficit, como lo han sido desde siempre (y volverán a serlo).

Daría también posibilidad de que el capital privado, o del sistema de pensión, pudiera participar de sociedades que -bien administradas- deberían resultar buen partido. E ingresar a un tipo de «sociedad anónima» de tipo mixto, sin que el Estado pierda el control, si se quiere.

Empresas eficientes, con cantidad de personal razonable y sin estar a disposición de gremios que hagan desbordar las plantillas (con el clásico coto de caza estatal).

Suprimir la cláusula para una posible «reprivatización» (con pleno acoso de los gremios) ya indica que lo de «Aerolíneas» también se va al destino previsible. Y el problema para todos no es revisar lo pasado, o ver cómo se toma la compañía, sino cómo irá a seguir, sin ser un lastre. La Bolsa, la solución.

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