9 de septiembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

Lo dijo una vez. Mientras, además, desmentía que se fuera a pagarle al «Club de París». Ahora, lo repitió, pero Sergio Massa -que de él se trata-parece regocijarse con la idea de que «nadie bien intencionado puede dudar de que la Argentina va a cumplir con todos sus compromisos...». El acento lo coloca en la supuesta «gama» de herramientas que se posee en política financiera y fiscal, junto con otros consabidos argumentos que suelen partir de funcionarios del gobierno. Pero, cuando se ha sido un actor fallido en el gran tablero internacional. Cuando se ha montado un «canje» unilateral, de contornos poco éticos. Y de última, cuando se les viene falseando el índice de ajuste a los bonos nuevos, con los datos inflacionarios: de lo que no se puede dudar, es de que tienen mucha razón los que dudan de todo, respecto de la voluntad de honrar compromisos que tiene nuestro gobierno. ¿Cómo no van a tener derecho a dudar, sin poner mala intención alguna, quienes vienen presenciando la conducta del país de estos años?

Se vino pagando la factura de enormes torpezas cometidas y que cada vez nos fue cerrando más el crédito, que ahora ha tenido un «buen primer paso» (como lo han definido los de afuera) y que debe ser inicio de encaminarse a una buena senda, con otros pasos que se tienen que dar. Aunque se haya querido presentar el anuncio del pago, como si la Argentina estuviera haciéndole un favor a los acreedores. Y como aguardando a que le den las gracias, solamente por hacer lo que corresponde...  


En toda esa madeja de gestos administrativos y choques ideológicos, están metidos los activos locales. Que no han encontrado ni un instante de oxígeno, ni en bonos ni en acciones, a pesar de ese anuncio que tenía que haber generado alguna reacción: aunque más no fuera, por reflejar un primer paso positivo, bosquejo de un cambio, esbozo de querer retornar a la comunidad internacional y dejar de vivir en la trinchera.

Decíamos, semana atrás, que resultaba «contra natura» de los mercados no haber observado, aunque más no fuera, un rebote fugaz, flor de un día, acompañando una medida inesperada y en una dirección correcta. Lo que nos llevaba a concluir que el grado de tumefacción de nuestro sistema bursátil, resultaba mucho más que el imaginable.

Un cadáver era capaz de mostrar más alegría, o menos tristeza, que el ambiente de la Bolsa de todos esos días que enmarcaron lo del «Club de París». Después ya no, lo último resultó un castigo que provino del exterior y consecuencia de la mala caída que sufrieron todos, a partir del Dow Jones. Queda la expectativa por ver si al primer paso dado le siguen otros, que puedan cancelar la factura adeudada con el mundo y recobrar crédito -confianza-interna. En esa cuenta, señor Massa, los números siguen dando negativo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar