Si hubo semanas clave en la historia de los mercados, y de las economías, con el mundo, ésta podría resultar una de ellas. Porque si no genera con todo realismo lo que se pueda llamar un cambio, una bisagra, que coloque a la crisis al menos en una graduación inferior, lo que siga estará más en manos de Dios, que de los hombres. Los primeros efectos sobre una medida trascendente suelen ser, también, trascendentes. Pero, lo que vale mucho más, son los pasos que siguen al primero. Y si se enhebra una reacción inicial, con lo que pueda después ir armando una «reversión de tendencia». Esto resulta la verdadera clave, la señal que indique el final de ir cayendo en profundidad y, después, no sin esfuerzo y mucho sudor, ver que la tierra deja de moverse. Y a partir de allí, saber que muy rápido, o muy lento, lo que se haga será para subir del pozo.
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Mucho se sigue añadiendo, por fuera de la parva de dólares que tendrán que pagar los ciudadanos, acerca de posibles modificaciones a un sistema de verdadero «capitalismo salvaje», que estalló en mil pedazos. Primero se mencionó lo de retornar a una banca con banqueros, mucho más aliados de lo que es seguro antes de tomar riesgos indebidos. Cavando una brecha con lo que pueda ser casa de inversión, o pariente cercano.
En estos días se han agregado miras, que apunten a desactivar ciertas herramientas de los mercados financieros y bursátiles, capaces de generar este tipo de «bombas» cada vez con mayor asiduidad. Todo lo que se haga para cambiar un estado de cosas y que se marque el «antes» y el «después» de una crisis, que caló tan hondo debe ser bienvenido. Y seguramente la única secuela positiva que se pueda encontrar, valiosa, de los terribles momentos.
Solamente hay que pensar que todavía queda gente con poder, y sensata, como para dar un giro apropiado y colocar límites precisos a nuevos aventureros. Piratas de las finanzas en el tiempo moderno y que se han servido de todos los adelantos, y todos los instrumentos, para exponer al mundo de modo despiadado.
De aquella Gran Crisis, la referente de todas las demás y de 1928, había emergido una serie de regulaciones sumamente beneficiosas para la salud de los mercados. Sin ir más lejos, la creación de la SEC -Comisión de Valores de Estados Unidos, tomada luego de ejemplo por todos- resultó uno de tales derivados de aquel desastre histórico. Desde ahí se encaminaron los mercados con otro marco y eliminó a mucho truhán, que antes se hacían un festín. Pero, como las enfermedades, hay «virus» que volvieron -y más fuertes- a infectar al mundo moderno. Llegó otra hora de suministrar antibióticos preciosos: recemos para que lo hagan.
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