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14 de octubre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

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En el fin de semana -y como es de rigor en estos tiempos- uno de los tantos canales que se ocuparon de cubrir con programas especiales el tema de «la crisis» emitió uno donde se abordó el declive de la Bolsa de Buenos Aires. Y en un cuadrito muy escueto (todo lo es en televisión y se solicita a cualquier entrevistado, que diga cómo se resuelve una crisis en no más de sesenta segundos), se reprodujeron cotizaciones de varios papeles del panel líder.

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Con sus precios a finales de año, comparados con los del último viernes. Los dos numeritos en columnas aledañas y una más, la última, donde resaltaba el porcentual de pérdida que habían tenido esas acciones. Con tal imagen, el común de los espectadores habrá interpretado que esas empresas están casi en la quiebra, o echando gente a patadas, o bajando la cortina.

Claro, faltaba una columna más y -fundamentalmente- una conclusión derivada de las comparaciones, no solamente la que mereció la demostración de la pérdida de precio. Porque si se hubieran visto esos casos mostrados, con el «valor contable» correspondiente al último balance, emergía sola la otra realidad: el precio de «pichincha» que alcanzan esas acciones, las que representan la base de la economía nacional, con tales empresas.

Acaso sí, tal vez no, pero con una demostración más sensata -y no sólo de show mediático- quizás algún espectador interesado en proteger sus intereses, en lugar de correr hacia el dólar, podía haber querido tener en consideración la alternativa. Y también inferir que cuando ciertos activos resultan de los más devaluados por un problema, acaso sean también los más interesantes para procurar un beneficio futuro.  

Y no hay mucha alternativa en nuestro medio, salvo aquellas que solamente resulten un refugio temporal. Cuando se ha venido mencionando a los inmuebles, lo que se percibe es que no han retrocedido -en términos generales- de los precios en dólares que tenían. Más allá de considerarlos inversión sólida, confiable, no han dejado un techo importante para hacer diferencias: sólo conservar. Además, no resulta un bien de fácil liquidez, condición permanente que dan los títulos bursátiles.

La compra de dólares: ¿para llegar adónde? Adonde quiera el Banco Central. Atesoramiento puro, de escasa rentabilidad previsible.

Los más sólidos en el mundo actual, los que manejan grandes fortunas y bien administradas, se deben estar haciendo un festín en estos meses. Pudiendo elegir de los mejores manjares bursátiles, a precios de liquidación. Seguro que no compran ni monedas, ni bonos, ni propiedades, sino regias porciones de empresas, que son base de la economía mundial. Y que están enteras, porque la comezón no vino por ellas. Al menos, para tener en cuenta. ¿O no?

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