11 de noviembre 2008 - 00:00

Cupones bursátiles

El presidente electo, de los Estados Unidos, posee una simpatía natural y a ello agrega una locuacidad permanente, personalidad que suele entusiasmar a la gente, en época donde los problemas y el gesto adusto se ve por doquier. Pero, está en una breve zona de transición y en la metamorfosis de dejar de ser «un candidato», para pasar a ser «el presidente». Lo que implica cuidar mucho más las ganas de decir y prometer, porque ahora le tomarán lo que diga y prometa, como un compromiso sagrado.

Adelantó que irá a tomar medidas, para mejorar a la clase media. Tal vez en estos días se refiera a otro segmento de la sociedad, acopiando decires antes de sentarse en un sillón que está muy caliente. Y previo a tener que desatar el «paquete» que le han dejado y comprobar qué es lo que hay adentro, además de aquello que ya pueda saber.

Y no es que desde este atalaya austral, uno quiera introducirse en lo que habrá de suceder en el país rector del mundo. Pero es que, justamente por eso, estaremos atados a lo que pueda realizar de acertado, o erróneo, el nuevo gobierno elegido allá. Si toda la mira inversora local se centraliza en ver qué sucede con el dólar, o con las incursiones intervencionistas en el mercado. O bien, acerca de cómo sigue la novela escrita en torno del patrimonio de las AFJP, se está dejando un gran flanco expuesto. Donde vendrá las consecuencias, del efecto derivado de la gestión en el centro de la crisis. Y si el simpático gobernante estará en condiciones de aplicar, aquello que piensa que le impondrá a la crisis. O si será la situación real, la que encuentre, la encargada de imponerle a él un marco que no tenía en mente. Por eso es que ya se han leído ciertas notas del exterior, donde ubican a la gestión de Obama en casilleros distintos. Y hasta muy opuestos.  

Lo que sí se puede arriesgar, es que tendremos un verano bien caliente en el mercado, que acaso no posea nada de «temporada baja» que nos toca. Sino, mucho de la «temporada alta» que les tocará afuera. Con el presente ejercicio ya consumido, en términos bursátiles, la apertura de 2009 -nuestro año de elecciones- deberá ser cuidadosamente diseñada de antemano. Y rigurosamente vigilada después. Por el momento, ya es hora de abrir el «paquete» contable, con los trimestrales a setiembre que deben ingresar en la semana. Una primera muestra con los síntomas de una economía que se fue contrayendo. Y que se verán mucho más nítidamente, al concluir el trimestre final. Al menos, la conjunción de «crisis y pánico» parece haber quedado atrás, asistiéndose a un mundo más racional que impulsivo. Esto, es un buen punto a favor.

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