Llegados al último tercio de febrero, el Merval se fue reincorporando a la «manada» bursátil global, después de haberse fugado a las alturas -inalcanzables- durante dos meses consecutivos. Le duró bastante, pero no dejó de ser otro «movimiento» -de los varios que se han visto en 2012- que no puede sostenerse: hasta convertirse en cambio de tendencia. Demasiado ímpetu, tremenda velocidad de trepada, necesidad cada vez mayor de aportes de órdenes frescas
de la demanda: resultan un ritmo solamente observado en el historial, en zonas de «boom». Quedaba por saber, a fines de enero, en qué momento surgiría la «cosecha» de los operadores más ágiles, que después derivaría en «depuración» y hasta empalmar, con una sección de «poda» (de las ramas demasiado crecidas).
Aún así, con el leve repuntar del viernes se mantiene en la cumbre del ranking el índice local -con el 10 por ciento en el año- aunque ya acompañado por los notables logros del «SPI» (de Suiza) y muy cerca el Nikkei japonés.
Se dan las dos caras de la moneda bursátil, como las máscaras que simbolizan la comedia, porque el ingresado a finales de diciembre todavía gana ese 10% acumulado -una regia «tasa», para lo que hay en el medio- pero quienes se subieron a tren en plena marcha, a finales de enero están acusando un negativo -líder- que ahora supera el 9%. Un ganar, o perder, casi en la misma dosis y como premio, o castigo, según se hayan elegido los momentos de ingreso. Evidente que las «manos amigas» se fueron retirando -oportunamente- del flanco de la demanda, dejando al mercado dentro de volúmenes más adelgazados y con fuerte predominio en los mismos de las órdenes vendedoras. Un arreciar de oferta que alcanzó su cota más alta en la reciente rueda del jueves, donde los precios caían como hojas secas, en el panel de las mayores. Un miniciclo local que abarcó unos sesenta días en alza, con otros veinte en fuerte corrección. Y que comenzó, justamente, antes de irse conociendo los balances «trimestrales» a diciembre (además del frío empresarial, que llegó junto con la medida del «congelamiento»). Lo que primero sobrecalentó la marcha del dólar paralelo, después lo apagó el contexto y -también- las propias señales de una zona de «madurez» en cotizaciones: invitando a recoger frutos a tiempo. Todo esto, dentro de patrón clásico y de leyes básicas.
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