El embajador de Uruguay ante los Estados Unidos, Hugo Fernández Faingold, agasajó anoche con un asado a los cancilleres y diplomáticos del Mercosur que están en Washington para asistir hoy a la reunión de ese bloque con el representante comercial de los Estados Unidos, Robert Zoellick. El encuentro tiene que ver con el diseño de integración denominado «4+1» pero anoche en la residencia del uruguayo se bromeaba con esa aritmética. «Habrá que ver, dijo uno de los comensales, si no terminará siendo 1+1+2+1». La broma tenía que ver con la tensión que atraviesa el vínculo entre la Argentina y Brasil, que obligó el sábado a una reunión especial en Olivos.
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Chrystian Colombo, el jefe de Gabinete, alivió a Fernando de la Rúa de la presión que comenzó a aplicar Domingo Cavallo en la residencia. «Estamos haciendo un esfuerzo importante; los planes de competitividad podrían estar reactivando la economía pero las devaluaciones de Brasil nos perjudican y casi anulan esos efectos benéficos», se quejó el ministro de Economía en la casa del Presidente. Patricia Bullrich, quien también había sido convocada para el almuerzo en la quinta, reforzó a Cavallo con argumentos de su área: «Es cierto lo que dice 'Mingo' y en el campo laboral lo percibimos claramente; no hay forma de competir con sueldos que se degradan con cada devaluación». El titular del Palacio de Hacienda completó su visión del momento echando culpas sobre un ausente, el canciller: «No puede ser que estemos ajenos a la negociación del 4+1 y a todas las discusiones comerciales con los brasileños».
De la Rúa cabeceó, miró a Colombo y sugirió: «Hay que hablar con Adalberto cuando regrese...» El jefe de Gabinete entendió el mensaje -para De la Rúa la relación con Brasil debe seguir encuadrada en la Cancillería-y por eso sugirió que «podría crearse una comisión en la que sinteticemos la posición de nuestro gobierno para después negociar con Brasil». Una vez que Giavarini vuelva de su estadía en Washington, Colombo pretende reunirlo con Cavallo.
Novedad
Lo que se presenta como una novedad es en realidad algo que ya tiene vida: la Argentina está negociando con Brasil algún mecanismo que suavice el efecto del descontrol en que se encuentra el mercado de cambios brasileño. El jueves, Rodríguez Giavarini almorzó con Celso Lafer, su colega brasileño y el hombre con el que se ha constituido el eje más estable de relación entre los dos países. Ayer los dos volvieron a encontrarse. Entre una y otra entrevista, el canciller informó a De la Rúa y a Colombo sobre los pasos que se vienen dando con Brasilia y, muy especialmente, sobre la participación de los funcionarios de Economía en todas esas gestiones. Anoche, sintéticamente, Giavarini prometió en nuevos contactos con De la Rúa y Colombo que a su regreso a Buenos Aires propondrá una serie de iniciativas para, por lo menos, atenuar el efecto de la caída del real sobre la economía argentina. Esas sugerencias incluirían una mayor actividad del grupo de seguimiento macroeconómico -que debería integrarse a nivel de ministros-y un paquete de medidas de carácter político que fueron la principal materia de diálogo entre Giavarini y Lafer.
La idea de Colombo de crear una comisión dentro del gabinete para definir una estrategia común frente a Brasil es una manera elegante de pedir a Cavallo que abandone su exposición en la prensa para discutir cuestiones de gobierno. Esa propensión está trayendo problemas crecientes al ministro de Economía, como se verificó ayer: le dijo al diario «La Nación» que el Presidente «debería ocuparse más de los problemas del país que de los problemas del partido».
En el gobierno consideran que Cavallo no pasa por su mejor momento anímico y tratan delicadamente de poner al amparo de su ira objetos de cierta fragilidad. El Mercosur, por ejemplo. Tanto en Olivos como en la Cancillería consideran que la relación con Brasil, tan castigada por el desequilibrio macroeconómico de uno u otro país, pasa un momento venturoso desde otro punto de vista: las exigencias mismas de su situación financiera y la probabilidad de tener que pedir un auxilio al Tesoro de los Estados Unidos han ubicado a Brasil en una posición mucho más cercana a la de la Argentina durante la actual crisis internacional.
Este aspecto del problema, es decir, la importancia de mantener en un mismo carril a dos países decisivos del concierto latinoamericano, parece ser para los Estados Unidos un beneficio más valioso cuanto más convulsionada aparece la escena internacional. Si hacía falta una prueba, ésta puede encontrarse en la reunión de hoy: los cancilleres del Mercosur se reunirán con Zoellick, lo que es de por sí indicativo del interés de Washington en la interlocución con el bloque sudamericano. Horas después del ataque terrorista sobre las Torres Gemelas y el Pentágono, el propio representante comercial de los EE.UU. confirmó que el encuentro «4+1» se realizaría de cualquier manera. En efecto, se hará hoy y probablemente surja de él un calendario de integración comercial. Se verá después la viabilidad de esa agenda en un momento en que la recesión económica desalienta cualquier tendencia hacia la apertura en los norteamericanos.
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