Si lo del lunes no tenía nada que ver con lo de la semana anterior, lo visto ayer ratificó el divorcio y en muy malos términos. Así quedó como entre paréntesis el período de calma -que no dejaba de ser tensa-y ciertos repuntes que poblaron los recintos hace unos días. Jornadas sucesivas de tratar de zurcir los tejidos dispersos, para que una sola rueda derrumbara todo de un plumazo.
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Que si la Fed dejó nuevas ambigüedades, que si la desconfianza se expandió en la comunidad del Norte, que si ahora las casas valen menos, o si una calificación rebajó imagen de algunos papeles.
Variadas supuestas causas que no pueden ocultar lo concreto: debajo de la superficie, la caldera del diablo en las economías prosigue encendida.
Desde un Dow Jones cayendo 2%, lo demás es imaginable.
El Bovespa retrocedió con 2,7%, dentro de lo lógico. Donde nuevamente se denotó nuestra gran debilidad es en el sacudir de los valores Merval. Así como con los «bonos» retornó el desplome, las acciones no fueron menos: 4,4% de recaída durísima, con el índice perdiendo otra vez la centena superior y que al llegar a los 2.072 de máxima, hizo piso en apenas 1.980 puntos: con cierre cinco unidades más arriba.
Y con volumen
Las órdenes crecieron, pero para mal. Porque el ataque de la oferta obligó a tomar más de $ 92 millones en efectivo y con franja de 11% sobre los totales. Las «cauciones» se multiplicaron por tres, yendo a los $ 135 millones, solamente con «3» acciones en alza por «67» papeles caídos.
Con tres, cuatro, hasta casi seis por ciento en ciertas plazas, el panorama de las líderes y más líquidas lució terrible. Galicia y Pampa, dos claves, al tope con 5,7% de rebaje. Tenaris cerca de 4%: ningún papel de los mayores escapó al signo contrario. Esto colocó al final de agosto otra vez de cabeza, difícil de poder « emparchar» en un par de ruedas que faltan. Otra presión sobre la Fed, buscando el dinero « barato». Y la Bolsa, en el hoyo.
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