La variante delta llegó a Jackson Hole una semana antes que el tapering. El simposio de la Fed iba a ser el mojón del regreso a la normalidad. No se cursaron invitaciones internacionales, pero el encuentro presencial era la postal anticipada de una vuelta de página de la política económica, menos atareada por el covid y más por darles continuidad a sus logros. EE.UU., después de todo, recuperó el nivel de actividad prepandemia en tiempo sumario. Creó más de 800 mil puestos netos de empleo por mes de mayo a julio. Y si bien la inflación se disparó en los titulares, el mercado de deuda del Tesoro, sentencia que no es así, que la tendencia central se mantiene, y ofrece la evidencia del funcionamiento fluido de toda la curva de rendimientos por debajo de 2% (la meta de inflación). ¿Qué mejor atrio para que Jay Powell, el jefe de la FED, nos explique los pasos por seguir? Y el tapering, la reducción de las compras de bonos, era la novedad al tope de la lista. Sin embargo, a última hora, se complicó. El viernes -con 200 mil nuevos contagios- se canceló la presencialidad. Powell no cree que el virus haga mella en la recuperación. Pero en Jackson Hole ya forzó un cambio de agenda. ¿Contradictorio? No. Es simple, ¿para qué correr riesgos? Se podrá socializar cuando mengüe el rebrote. ¿Regirá la misma vara para el tapering? ¿Y por qué no?
Delta le ganó de mano al taper en Jackson Hole
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El auge de delta derrumbó la confianza del consumidor en la primera quincena de agosto, según la Universidad de Michigan. Las ventas minoristas de julio se retrajeron 1,1% y este mes deberían ser más flojas (o, menos vigorosas). La tenacidad del virus doblegó el ánimo del consumidor quien, como la Fed, pudo pensar que ya se lo había quitado de encima. El bajón emocional es comprensible. No obstante, Walmart (y otros comerciantes) aseveran que no cambió el comportamiento de su clientela. Es curioso: el gasto en restaurantes y bares aumentó 1,7%, las ventas online fueron las que cayeron (3%), y las de autos, por escasez de oferta. ¿Una buena noticia? La producción de vehículos creció 11% mensual en julio pese a la infección, la mala logística y la carestía de microchips.
¿Qué hará Powell en Jackson Hole? El año pasado presentó en sociedad el nuevo enfoque flexible de la política monetaria. Debiera hacer lo mismo con el tapering, pero el título de su ponencia moderó las expectativas: “Sobre el panorama económico”. La meneada iniciativa no figura en el cartel. ¿Dónde está la urgencia que dictó el informe de empleo? El primer adelantado del taper, Bob Kaplan, titular de la Fed de Dallas, arrojó una pista. Admitió el viernes que si la peste obstruye la trama de la actividad económica repensaría su moción de anunciarlo en septiembre (para recortar las compras a partir de octubre). Es un interrogante que Powell no podrá contestar a ciencia cierta el próximo viernes. El banco central administra riesgos, y prefiere no incurrir en ellos. ¿Qué esperar entonces? Que Powell introduzca los términos del debate y se abstenga de sugerir una definición inminente. ¿Será muy diferente de lo que señalaron las minutas? No, muy parecido. Una mayoría se inclina por comenzar el taper este año y no el que viene. Pero será menos punzante que las declaraciones de principios de mes envalentonadas por la creación robusta de empleo. La irrupción de delta es un shock emocional pero también de oferta. Incipiente en EE.UU. aunque notable ya en el comercio internacional. Bastó con la infección de un trabajador para cerrar el puerto de Ningbó en China. Y hoy la congestión en los dos principales complejos del mundo, Ningbó-Zhoushan y Shanghái, no tiene precedentes. Los graves problemas de logística, lejos de resolverse como se pensaba, están garantizados hasta fin de año. Nada que la liquidez de la Fed pueda remediar, por cierto, pero nada que incite tampoco a estrenar una estrategia que pueda sumar confusión. De hecho, las condiciones financieras ya se estresaron con la apreciación pujante del dólar en el mundo (a los niveles de noviembre) y su correlato de desgracias “deflacionarias”, que socavan desde los precios de los commodities hasta los mercados emergentes. Siendo así, hablar de tapering -mantenerlo vivo- es una táctica oportuna. Servirá para sostener las tasas largas en sus niveles deprimidos actuales, y evitar que intenten arrimarse a 1%, lo que encendería las alarmas a base de pura incertidumbre, y podría alentar algún barquinazo desagradable.



