El gobierno anunció ayer una medida electoralista: el aumento de 50 pesos para los 3,7 millones de empleados privados, que se sumará a los 150 que ya se pagan. La medida comenzará a regir en mayo y durará hasta diciembre, con lo que pasa a ser «herencia» para el próximo gobierno. Para los gremios hay un premio extra: otros $ 14 millones mensuales.
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Obviamente, Lavagna intentó permanentemente desligar este aumento salarial de su participación en la campaña presidencial y trató de vincular a los 200 pesos con una necesidad económica.
Camaño, más sincera, aseguró que, en realidad, el aumento es para mantener el poder adquisitivo del salario. La ministra dijo también que el gobierno impulsará, antes de dejar Eduardo Duhalde el Poder Ejecutivo, la apertura de las negociaciones de las convenciones colectivas, «para que cada sector negocie su propio aumento» y los 200 pesos «sean absorbidos por futuros incrementos salariales».
Lavagna tomó la palabra para explicar por qué el alza salarial artificial, que ayer rechazaron todas las entidades empresarias (ver nota aparte), tiene que ver con la velocidad en que se está recuperando la economía. El ministro presentó datos oficiales de su cartera donde se afirma que la demanda creció 9% en el último trimestre de 2002 y el primero de 2003, en parte por el aumento de los 150 pesos implementado por el gobierno desde el año pasado. Descartó que esta medida produzca inflación, ya que los aumentos anteriores no remunerativos tampoco lo provocaron. Según Lavagna, esta medida «permitirá afianzar el salario nominal y tendrá un impacto positivo en el consumo». La tesis ministerial asegura finalmente que el aumento
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