Deuda: crece el rol de banco Lazard como mediador para resolver 'pulseada' financiera

Economía

Podrá hacer propuestas referidas a capítulos financieros, como intereses, bonos y plazos. Pero no intervendrá sobre cuestiones judiciales.

En algo ayer coincidieron el Gobierno argentino y los acreedores con títulos públicos emitidos bajo jurisdicción internacional en este inicio de la cuarta etapa de negociaciones: es el tiempo de darle más aire a Lazard. El banco contratado por la Argentina para que medie entre el país y los tenedores de deuda, viene ofreciéndose como una de las soluciones para dilucidar las distancias entre las partes; y, hasta el fin de la tercera etapa, sólo cumplió marginalmente esa función.

Hasta el jueves pasado la entidad se concentró en validar cada una de las propuestas de cada bando, sin que desde el Gobierno argentino o los bonistas se les dé la oportunidad de ir más allá y proponer instancias superadoras. A partir de ahora, el Lazard será habilitado para que ofrezca soluciones a las disputas más cerradas, intente convencer al que no tiene razón (según su criterio) que escuche lo que el otro propone y eventualmente aceptar la idea contraria y dejar cerrados y firmados aquellos capítulos donde haya acuerdos.

La propuesta vino del propio banco, que intervino hasta acá de manera activa, pero limitada a las acciones que le indicaban las partes; y pese a que en muchos momentos indicó en ambas direcciones que podría accionar a favor de acuerdos. Sin embargo, en el aire de las negociaciones virtuales a través de teleconferencias se convivía con la sospecha permanente de creer que Lazard “operaba” para la otra parte. La Argentina al pensar que, al tratarse de un banco internacional que tendrá su futuro en el mercado donde convive con los mismos acreedores que pelean con Argentina, al final se volcaría a la posición de los bonistas. Desde estos se especulaba en que al haber sido seleccionado como asesor por el Gobierno argentino, en última instancia defendería la posición de su contratista.

La entidad siempre dejó en claro que su función es la independencia, y que mientras no se le pidiera formalmente que actúe como colaborador para un acuerdo simplemente ejercería las funciones de administrador de las negociaciones y aval de los números que se propongan desde las dos partes. Básicamente, el rol de Lazard hasta el jueves pasado fue el de hacer los cálculos finales de lo que se iba planteando sobre movimientos de plazos, tasas y mejoras en las condiciones de pago; sin aportar (no se lo requirió en ninguna etapa hasta el lunes) soluciones alternativas. A partir de la primer jornada de esta cuarta etapa, la entidad tomará otro vuelo en su tarea; comenzará a intervenir directamente, y a pedido de los interesados, en acercar posiciones entre las partes en aquellos capítulos en los que hay conflicto. La tarea será pensar alternativas y proponer una solución entre Argentina y los acreedores; sin que esta sea vinculante. Si alguno de los bancos no está de acuerdo con lo que Lazard proponga, podrá repensar el diseño de la solución y continuar con las medidas alternativas.

El banco tendrá que ver ahora con las alternativas de la cláusula de “rescate mandatorio” (reclamo de BlackRock adelantado ayer por este diario); evolución de las tasas de interés en la vida útil de los bonos emitidos (Argentina propone 2,5% y los acreedores se plantan en 3,8%), cómo evaluar el eventual pago de los intereses no devengados de este año (con un bono extra o con un pago escalonado a partir del 2030), cómo medir el eventual cupón vía exportaciones o, si se impusiera el pedido de Blackrock, el del cupón PBI. También sobre las reducciones finales a la quita de capital (hoy cerca del 3%) y las liquidaciones finales que ejecutaría Alberto Fernández en su gestión (los bonistas se plantan en no menos de u$s3.000 millones y el Gobierno ofrece u$s2.000 millones). El trabajo de Lazard será ahora no sólo evaluar y dar el sello de veracidad a cada propuesta de las partes que mueva alguna de las variables mencionadas, sino también ejecutar propuestas que surjan de sus propias hojas de cálculos y que puedan servir para acercar posiciones entre las partes. Este último será un cambio fundamental en la marcha de las negociaciones. Hasta el jueves pasado, el único Excel que se movía era el original con copyright de Martín Guzmán. El ministro y sus funcionarios eran los encargados de ejecutar los cambios en su modelo original importado de la academia, pese a que ya habían estallado sus fronteras, desde que se comenzó a evaluar la aplicación de los “anabólicos” (cupón por exportaciones o pago de intereses del 2020) para mejorar la oferta.

Lazard aclaró que se concentrará en cuestiones exclusivamente financieras. O, dicho de otro modo, no intervendrá en los muchos problemas legales que surgieron en la última etapa de la negociación; y que coinciden las partes son hoy las que traban y demoran un acuerdo final. Se enumeran las cláusulas “antibuitre”, los derechos particulares de los tenedores de deuda emitida durante el kirchnerismo, la aplicación de las aceleraciones en casos de nuevos default, etc. Según la entidad, no es su especialidad tratar temas exclusivos de abogados. Será entonces labor de los profesionales de Cleary Gottlieb Steen & Hamilton (CGS&H) y los abogados de los acreedores (Dennis Haritzky de parte de los bonistas K y Jennifer O´Neil desde BlackRock); quienes, se sabe, tienen problemas de comunicaciones permanente.

Lazard es un viejo conocido del país. Especialmente en tiempos de crisis. Concentrado en las áreas de finanzas corporativas, gestión de carteras y otros servicios financieros, principalmente con clientes institucionales, se lo considera como el banco de inversión independiente más grande del mundo, con oficinas ejecutivas en New York, París y Londres. Fue fundado en 1848, opera en 43 ciudades y provee asesoría en fusiones y adquisiciones, asuntos estratégicos, reestructuraciones y estructura de capital, finanzas corporativas; además de gestión de carteras para empresas, inversores institucionales, gobiernos e individuos. En el proceso de default argentino de 2005 fue convocado por el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, y encabezó el proceso de asesoramiento con Matthieu Pigasse como principal ejecutivo del banco. En los últimos años intervino en las reestructuraciones de deuda de Irak, Ecuador, Chipre y Grecia.

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