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10 de junio 2026 - 00:00

Diálogos de Wall Street: Donald Trump sin paz, igual que Medio Oriente, y una inminente suba de tasas

¿Vuelve la guerra en Medio Oriente? ¿Se arruinó el proceso de paz? Trump anuncia, a la vez, un acuerdo de paz en dos o tres días y también la toma de represalias. ¿Hacia dónde va Wall Street, Gekko, después de desayunarse con la noticia de una economía firme que vuelve a crear empleo?

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Gordon Gekko sobre guerra en Medio Oriente: cree que una suba de tasas de la Fed es inevitable, BCE comenzará mañana.

Periodista: La guerra en Irán, con toda su ferocidad, ¿se desata de nuevo? ¿Trump perdió el control de Israel? ¿Netanyahu no le obedece y le torpedea la agenda? ¿Se arruinó la negociación de paz? Y, con Medio Oriente en llamas, ¿qué hay que hacer para que los mercados pierdan la vertical?

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Gordon Gekko: Una suba de tasas podría más que mil misiles.

P.: Si los mercados acusaron algún golpe últimamente fue por la resurrección de la creación de empleo en EEUU. Una economía firme es un obstáculo más temible que la amenaza de una guerra que debía ser corta y no se acaba nunca.

G.G.: Hay una suba de tasas en nuestro camino. Eso parece hoy inevitable. Aunque no es inminente en EEUU.

P.: Comenzará mañana el Banco Central Europeo (BCE).

G.G.: Correcto. Ya estamos preparados para ese aumento, sería una gran sorpresa que se postergara.

P.: La Fed se reúne la semana próxima. Ya empezó el período de silencio de radio y por eso no hubo repercusiones oficiales tras el vigoroso aumento de los nuevos puestos de trabajo. Es el debut de Kevin Warsh al mando. ¿Qué cree que hará?

G.G.: Endurecer el discurso. Y quizás avisar que van a cambiar las formas de la comunicación.

P.: No hechos, sino palabras.

G.G.: En principio, sí. La política monetaria, que hoy tiene un sesgo hacia la baja de tasas, debería cambiar el signo. Y señalar que está lista para gatillar a partir de julio. El giro debería realizarse en paz, sin que afloren grandes disidencias internas. El liderazgo de Warsh quedaría confirmado así automáticamente.

P.: El que no va a estar muy de acuerdo es el presidente Trump.

G.G.: Los de afuera son de palo.

P.: Los de afuera son los que hicieron a Warsh presidente de la Fed.

G.G.: Como pasó con Powell. No le costará mucho a Warsh hacer notar su independencia. No necesita ir al choque, no está urgido por subir las tasas de inmediato. A Trump no le va a gustar, pero que se lo explique Bessent, el secretario del Tesoro y promotor de Warsh. Mejor así que al revés. Lo que le sirve a la Administración es un Warsh que sea creíble desde el primer día.

P.: Poco ayudaría que Trump esté satisfecho; y los bond vigilantes, no.

G.G.: Tal cual. No se olvide que la suba de tasas ya comenzó a lo largo de toda la curva del Tesoro. Medio punto en alza, que después se moderó con los anuncios de la negociación en ciernes. Es evidente que la Fed corre a los acontecimientos de atrás. La tasa de fed funds tiene techo en 3,75%, la tasa del Tesoro a dos años, que antes de la guerra se ubicaba por debajo de 3,50%, hoy ronda 4,15%. Y la inflación de mayo no andará muy lejos.

P.: Warsh no podrá dilatar mucho la suba de tasas.

G.G.: No hay razones para no acompañar a la curva de bonos. La economía crece sólida a 2% o más; se recupera la creación de empleos, que fue el talón de Aquiles de 2025; y la inflación apunta a 4%.

P.: La mesa está servida para un retoque.

G.G.: Las dudas sobre la salud del mercado laboral hicieron que la Fed rebajara tres veces las tasas el año pasado. Lo que Warsh debe hacer es comenzar a revertir esos recortes. Sin prisa, sin agredir a Wall Street, dándole tiempo para acomodar las carteras.

P.: ¿La guerra en Irán ya no quita el sueño? Wall Street nunca tuvo afición por la geopolítica, pero todavía es un conflicto a medio acabar…

G.G.: Si regresa su ferocidad sería un dolor de cabeza. Pero lo que vemos son espasmos de violencia que no se sostienen. Zarpazos que forman parte del esfuerzo negociador – o de la frustración que provoca - más que de un intento serio de volver a darle preeminencia al accionar bélico.

P.: Está claro que Netanyahu boicotea el proceso. ¿Podrá arruinarlo?

G.G.: Si hay acuerdo de paz, ¿qué garantías tiene Irán de que Tel Aviv no lo hace trizas? Por eso Teherán lanzó los misiles del fin de semana sobre Israel. Irán le tomó examen a Trump. ¿Qué capacidad y disposición tiene de controlarlo? Y lo que vimos fue a un presidente ocupándose personalmente, y a la luz pública, de reprender a Bibi instándolo a frenar sus incursiones en el Líbano. Y lo consiguió.

P.: Irán derribó a un helicóptero Apache de EEUU que sobrevolaba Ormuz. Trump dijo que debe responder a esa agresión. ¿Es un chispazo fuera de agenda que puede volver a encender el conflicto?

G.G.: La impresión es que tanto EEUU como Irán llegaron ya a la conclusión de que no van a obtener lo que ansían por la fuerza. Por eso la tregua del 7 de abril no se rompió hasta ahora. Nada más frágil y sin embargo, tan duradero. Trump dijo también hoy que habrá un acuerdo de paz en “dos o tres días” y que la navegación por el estrecho se reabrirá inmediatamente. No tengo dudas de que eso es lo que necesita. No lo conseguirá tomando represalias. Si debe hacerlo, lo hará. Y después continuará la negociación. Bajo el paraguas oficial del cese de fuego que es un lugar cómodo para ambas partes porque sus límites son muy flexibles.

P.: ¿Qué tan cerca estaremos en realidad de un acuerdo y de la rehabilitación de Ormuz?

G.G.: Trump lo repite una vez por semana, o dos, porque es la manera práctica que encontró de mantener calmos los precios del crudo a pesar de la merma constante de los inventarios. Nadie le cree, pero nadie se anima a apostar en contra. Paradójicamente si los precios de la energía volvieran a subir, la gravedad de la situación debería facilitar el acuerdo y apurar un desenlace concreto.

P.: Irán lo dilata sabiendo que el bloqueo de Ormuz y el agotamiento de los inventarios tarde o temprano van a poner a Trump en una posición acuciante. ¿O no?

G.G.: El negocio de Irán es cerrar un acuerdo en el que Trump acepte sus condiciones. Cuanto antes, mejor. Que Trump le ponga la rúbrica, y lo considere una victoria, son elementos muy importantes. Él fue quien volteó en 2018 el acuerdo que se firmó con Obama tres años antes. Objetó entonces los pagos que hizo EEUU como contrapartida. Y por eso Teherán pide que se liberen los activos iraníes que están congelados por decisión de Washington. No es una suma grande. Y eso es deliberado. No guarda relación con los daños que ocasionó la guerra. Son 24 mil millones de dólares. Se trata de activos de propiedad de Irán, no es plata de los EEUU. Y se acepta que la primera liberación sea por la mitad de dicho importe. Lo que les interesa es que Trump tome el compromiso y lo ejecute. Y que después nadie objete en Washington otros desembolsos que estarán vinculados al levantamiento de sanciones.

P.: ¿Y a cambio de qué permitiría Irán que se retome la navegación por el estrecho de Ormuz?

G.G.: Ya no se habla de peaje. El primero que lo hizo, recordemos, fue el propio Trump en un exabrupto a principios de abril cuando dijo que EEUU e Irán podrían cobrarlo para asegurar el tránsito por el estrecho. Irán, en sociedad con Omán, pretende regular la navegación y cobrar una comisión de mantenimiento. Módica. Una tasa por servicios. A la manera que Turquía percibe por la navegación por los estrechos del Bósforo y Dardanelos. La idea es que EEUU acepte así los derechos territoriales de Irán (y Omán). La intención es sentar el precedente más que hacerse de una caja enorme.

P.: Hoy por hoy, es una proposición inaceptable.

G.G.: Lo más cómodo es mantener la tregua. Los mercados no exigen una definición ya, tampoco. La crisis de la energía tiene la llave del timing del acuerdo. Si los precios del crudo levantan vuelo, como vaticinan las compañías petroleras, habrá que salirle rápido al cruce. Y lo que hoy parece inaceptable será una concesión a la realidad que no convendrá postergar demasiado.

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