Diálogos de Wall Street
(El diálogo es con un reconocido operador de la Bolsa de Nueva York a quien se identifica como Gordon Gekko, el personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema son los recortes de las tasas de interés en el mundo para evitar la recesión.)
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P.: Las amenazas de 1998 o de 1999 fueron bien resueltas por los bancos centrales. La política monetaria conjuró a los fantasmas. ¿Se repetirá la buena fortuna?
G.G.: El remedio es el mismo, pero hay que entender los cambios operados en el paciente y en su enfermedad. Ninguno de los dos es ya el mismo.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Cuando la economía mundial trastabillaba por la zozobra causada por los avatares en Asia y Rusia, la economía de los Estados Unidos era un «oasis de crecimiento». La crisis que en 1998 se esparció por todo el mundo fue una crisis financiera. En el caso de Wall Street la tormenta se extendió por apenas dos meses. Por supuesto que Rusia y gran parte de Asia atravesaron una penosa recesión. Fulminante y ruinosa. Pero no hubo una recesión global.
P.: Se temió una contracción global. Pero se evitó. Gracias a los bancos centrales. A la acción muy arrojada de la Fed. Que, dicho sea de paso, recuerdo que usted criticó.
G.G.: Sí. La baja de tasas del último trimestre de 1998 hizo maravillas (tanto es así que la Bolsa estadounidense no sólo se recuperó sino que estableció nuevos récords) pero operó sobre una economía local que, en ese trimestre, crecía a un ritmo superior a 6 por ciento.
P.: La economía real estaba muy robusta.
G.G.: En los Estados Unidos la economía no llegó a parpadear. Crecía con gran vigor antes de la crisis rusa. Y no torció el rumbo después. Con precisión el PBI del cuarto trimestre de 1998 se expandió 6,7%. Y la inversión creció 14,1%. La baja de tasas prendió rápido, entre otras razones, porque significó echarle más leña al fango. Y, a través de su impacto en la suba del petróleo, también resultaría decisiva para la recuperación de Rusia.
P.: Estados Unidos está lejos de poder cumplir ese rol en la actualidad.
G.G.: Ha sido, más bien, la usina principal de debilidad. Y no busque reemplazos. Ni Europa ni mucho menos Japón están en condiciones de tomar la posta.
P.: Desde ya que Japón no.
G.G.: No es lo mismo, además, bajar las tasas de interés cuando la inversión explota 14% como en el '98 que hacerlo ahora que la inversión privada cae 12,3% (como sucedió en el primer semestre en los Estados Unidos).
P.: Las probabilidades de éxito son más restringidas.
G.G.: Existen pero tienen sus límites. No está claro cuál es la variable de gasto que la baja de tasas puede contribuir a traccionar. Ese es el punto.
P.: La inversión no va a remontar sólo porque bajen las tasas.
G.G.: Las tasas básicas de interés ya son más bajas que en 1998. El problema es que usted ha tenido que redefinir lo que considera una oportunidad de inversión. Vender espinaca por Internet ya no es una opción válida. Vender llamadas de larga distancia sí lo es pero usted ya cuenta con una infraestructura más que suficiente y precios mucho más bajos que en 1998.
P.: Entiendo que es más factible que la recuperación venga por el consumo que por la inversión.
G.G.: De acuerdo. Y no quiero sonar enteramente incrédulo. Usted tiene a su favor que la dosis de medicina se ha reforzado -la Fed ya aplicó un recorte acumulado de 3 puntos completos-y, además, que la política monetaria no opera en soledad. La administración Bush ha decidido usar también la política fiscal para salir del atolladero.
P.: Con la baja de impuestos.
G.G.: No es poca cosa. De hecho creo que la devolución de impuestos que el consumidor ha ido recibiendo -a través de los cheques que el servicio impositivo le ha remitido por correo-va a sostener el gasto de consumo y una recuperación del PBI en el tercer trimestre. Pero hay más que la mera baja de impuestos.
P.: ¿Como qué?
G.G.: El rescate a la Argentina es una decisión que ha tomado el Tesoro. Como dijo Paul O'Neill son decisiones que se toman con el dinero de los carpinteros y los plomeros.
P.: De los carpinteros europeos sobre todo.
G.G.: Una vez tomada la decisión, la factura se reparte entre todos.




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