Diálogos en Wall Street
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo denomina Gordon Gekko como el personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la suba del petróleo, la probable baja de las tasas en Europa y la acentuada tendencia a la baja de Wall Street.)
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Gordon Gekko: Sí. Aunque, si los tiempos de espera se extienden mucho más, retomaremos con mayor nitidez la huella previa. Quiero decir, habrá menos círculo y más tendencia. A la baja. Piense que estamos inmersos en un mercado «bear» que ya lleva tres años; los pequeños inversores han desertado de Wall Street en masa y, en consecuencia, todo el juego está en manos de operadores («traders»). «La tendencia es tu amiga», es una vieja máxima entre operadores. No veo margen para innovar. Hay demasiados riesgos para tan poco volumen de transacciones.
P.: ¿Cree que la guerra se podrá evitar?
G.G.: No. Nadie cree eso, hoy en día.
P.: Si la guerra se observa como un hecho inexorable, ¿por qué no se descuenta ya su concreción? ¿Cómo puede ser un foco de incertidumbre?
G.G.: Lo difícil no es predecir la guerra, sino sus características y, tema no menor, el tiempo que resta hasta su inicio. Creo haberle apuntado antes que la fase de preparación de la guerra puede resultar el corrosivo principal para los mercados de riesgo.
P.: No sólo para los mercados. No se olvide de la economía mundial...
G.G.: Un barril de petróleo merodeando los 40 dólares, por cierto, no es lo que recetaría el doctor para la débil economía internacional.
P.: La oposición a la guerra se ha hecho carne fuera de los Estados Unidos. Tres países con poder de veto en el Consejo de Seguridad (Francia, Rusia y China) no comulgan con la premura de la administración Bush. ¿Qué impacto tienen estos hechos?
G.G.: No alterarán la determinación de Bush, pero pueden afectar los tiempos de la acción militar e inspirar una mayor demora.
P.: Una Europa fracturada es una víctima impensada del conflicto. ¿Habrá más sorpresas cuando estalle la guerra?
G.G.: Todo el mundo tiene en mente el modelo de la guerra del Golfo. Ya lo hemos conversado. La campaña de Afganistán, el año pasado, se ajustó admirablemente a dicho marco. Y el comportamiento de las variables financieras hasta el presente, también. Es la política internacional la que se aparta del molde. Ni en el Golfo ni en Afganistán hubo objeciones donde hoy existe un severo cuestionamiento. Es la iniciativa militar en sí la que está en la picota. Y el rol de gendarme de los Estados Unidos. Uno imagina que una guerra corta acallará las protestas, pero, aun así, el tramado de las instituciones multilaterales quedará dañado y con necesidad de reparación.
P.: Se habla de un fracaso de la OTAN. Pero también la Unión Europea ha sufrido mella, y las Naciones Unidas parecen el próximo candidato a integrar la lista de quienes han estropeado su reputación....
G.G.: Imagino cambios profundos. Me pregunto, por ejemplo, si el Fondo Monetario o el Banco Mundial han sido indicadores líderes y, en rigor, han anticipado este proceso o si habrá un replanteo pendiente luego de que se ajusten las reglas de convivencia entre los países del G-7. No se olvide de que el unilateralismo agresivo de Bush es anterior al 11 de setiembre de 2001. Mucho antes, ya había torpedeado el protocolo de Kioto y el acuerdo misilístico-antibalístico (ABM)...
P.: ¿Cree que la confrontación entre Estados Unidos y el eje Francia-Alemania acabará influyendo también en el Fondo?
G.G.: No sería de extrañar. Hay un riesgo cierto de inmovilidad (aunque los críticos del FMI dirán que no puede descubrirse recién ahora y achacarse a las desavenencias por Irak). De hecho, Pakistán ayer y hoy Turquía avanzan por el carril rápido que maneja Estados Unidos. Pero también el presidente boliviano, Sánchez de Lozada, negoció directamente con la Casa Blanca cuando la democracia tambaleaba diez días atrás...
P.: Le cambio el tema. Por primera vez, el Banco Central Europeo parece que le birlará la delantera a la Fed en materia de baja de tasas. ¿Me equivoco o Wim Duisenberg -su presidente- dejó abierta la puerta para un próximo recorte?
G.G.: No se equivoca. Duisenberg les puso un candado a las expectativas de una recuperación económica en Europa para este año. Fue un mensaje explícito.
P.: ¿Cuándo es la próxima reunión del BCE?
G.G.: El 6 de marzo.
G.G.: Es muy probable.
G.G.: Como sea, las tasas del euro habrán bajado para cuando estalle la guerra. Y, por el tono de las palabras de Duisenberg, habría que considerar una reducción agresiva.
P.: ¿Medio punto? ¿O más?
G.G..: Medio punto. Lo que las dejaría en 2,25%. Un punto por arriba de las tasas que maneja la Fed.
P.: ¿Cuál es la razón? ¿La suba del euro está estrangulando a Europa?
G.G.: No se olvide del petróleo. Creo que la suba del euro le da margen al BCE para ser más agresivo en la política monetaria.
P.: ¿Cree que Greenspan imitará la movida? ¿O también habrá allí una discrepancia?
G.G.: Me parece que una baja no sería muy coherente con la crítica que Greenspan le hizo a la política fiscal de Bush. Ni con el discurso reciente de que la economía está bien y es sólo el riesgo geopolítico el que nubla las perspectivas.




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