10 de noviembre 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El periodista dialoga con un importante operador de mercado, representado por el personaje del film «Wall Street», Gordon Gekko. Analizan el crecimiento de la economía de EE.UU. y la falta de impacto de ello en el mercado de empleo.)

PERIODISTA: Nos faltaba una pieza para completar el rompecabezas de la recuperación. La economía creció 7% anualizado de julio a setiembre, pero lo hizo sin agregar nuevos puestos de trabajo. Pienso que, con la súbita resurrección del mercado laboral, se disipa el último bastión de la incertidumbre...

Gordon Gekko: La creación de empleos es el furgón de cola de toda recuperación. Usted no se apresura a contratar nueva gente ante el primer indicio de aplomo en la demanda. Pero, así como se reconoce un tren sin necesidad de ver el último vagón, detectar la recuperación de la economía no requería tener que esperar a que mejorasen las condiciones del mercado de trabajo...


P.:
Se decía que sin la generación de nuevos empleos, sin generación de mayores ingresos, la reactivación no iba a poder sostenerse...

G.G.: Hay un divorcio entre la creación de empleos y la generación de ingresos. Y la razón de esa cuña -de magnitud inusual- es que la productividad se ha acelerado en forma muy vigorosa. La productividad del trabajo se ha disparado y, paradójicamente, es la renta del capital la que más se beneficia. La recuperación no corría peligro por el hecho de que los empleos no estuvieran creciendo... Los ingresos estaban ya en franco aumento.


P.:
No los ingresos de los trabajadores...

G.G.: Sí los de los accionistas. Esa es la historia que corroboran los balances de las compañías...


P.:
¿Qué tan relevante es que -después de una larga sequía- se hayan producido 126 mil nuevos puestos de trabajo en octubre? Una golondrina no hace el verano...

G.G.: Es el segundo mes consecutivo en que ello ocurre. Setiembre fue revisado y corregido en alza...


P.:
No lo sabía.

G.G.: Y la intensidad con que se utiliza la fuerza de trabajo también repuntó. En el margen, la duración de la semana de trabajo se extendió.

P.: O sea, estamos ante un cuadro de mejoría muy compacto...

G.G.: Con tendencia a la aceleración si el patrón que gobernó la salida de la recesión de '90/'91 -como hasta ahora- provee una buena guía... La decisión de las empresas de volver a contratar es muy importante. Revela mejor que nada que sus directivos están dejando de considerar la recuperación de la demanda como a una mera ave de paso.


P.:
Imagino que a esta altura será prematuro pensar en una presión alcista de los salarios...

G.G.: Imagina bien. Hay demasiada holgura en el mercado. Si bien la tasa de desempleo bajó a 6%, todavía se ubica 2 puntos y fracción por encima de los mínimos que se registraron cuando la economía operaba en plena expansión. Y el ritmo de creación de empleos que vimos en setiembre y octubre -si se mantuviera a lo largo de un año- apenas compensaría el crecimiento vegetativo de la fuerza laboral...


P.:
La situación mundial -no sólo en los Estados Unidos- mejoró en los últimos tiempos. Sensiblemente. Tanto que Inglaterra y Australia han respondido con sendos aumentos en sus respectivas tasas de interés. ¿Toca a su fin el ciclo internacional de tasas bajas?

G.G.: Aun considerando esos incrementos, las tasas se ubican en niveles muy bajos en ambos países. Mi impresión es que la política monetaria de los principales centros financieros permanecerá por un buen tiempo más en un modo relajado...


P.:
Pero se trata de un punto de giro. ¿O no? De aquí en más, ¿toda novedad que provenga de un banco central consistirá en una noticia de suba de tasas?

G.G.: Difícilmente el Banco de Japón y el Banco Central Europeo impriman algún cambio. Por distintas razones, la mejor política para ambos -y el escenario más probable- es que no hagan nada.


P.:
¿Qué pasará con la Fed?

G.G.: Yo creo que la Fed es un caso único.


P.:
¿En qué sentido?

G.G.: Ni en Inglaterra ni en Australia -y mucho menos en la zona del euro o en Japón-, la economía creció 7% anualizado en los últimos tres meses como en los Estados Unidos.Y sin embargo, la Fed es el único banco central con un mensaje -claro y contundente- que permanece sesgado hacia una eventual baja de tasas.


P.:
Tal vez decidan revisarlo pronto.

G.G.: Más bien, lo refrescaron la misma semana en que se conoció la cifra del PBI. Creo que con pleno conocimiento de su envergadura...


P.:
No percibe un apuro por intervenir...

G.G.: La Reserva Federal ha consumido tres años lidiando con la salud de la economía y todavía no pueden garantizar su completo restablecimiento. No va a correr riesgos por no poder controlar su impaciencia.


P.:
Toda la evidencia que hay sobre la mesa -la fuerte suba de los mercados financieros, 7% de crecimiento, la retomada en la creación de empleos- no le alcanza...

G.G.: No se confunda. El enfermo ha reaccionado muy bien al estímulo. A una dosis mayúscula y reiterada de estímulo fiscal y monetario. Pero la verdadera cuestión es si ese vigor se mantiene cuando usted desconecte el respirador artificial. Cuando la Fed piense que así será, recién entonces, no antes, cambiará de prioridades para acometer su próxima tarea.

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