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15 de abril 2004 - 00:00

Disimulan $ 700 millones para un menor superávit

La semana próxima, el gobierno anunciará el superávit fiscal que obtuvo en el primer trimestre. Pero el equipo económico está estudiando mecanismos para reducir el número final en más de $ 700 millones para evitar reclamos de acreedores, gremios y del Fondo Monetario. Sobra tanto dinero en las arcas del gobierno que, aun ocultando esa cifra, en el primer trimestre se triplicó el superávit que le exigía el FMI. Los estatales están presionando para un aumento y de hecho harán un paro en todo el país en dos semanas. Los acreedores, con este excedente, encontrarán otro motivo adicional para rechazar la quita de 75% de valor nominal que se está incluyendo en la propuesta. Debió Néstor Kirchner anticiparse y anunciar una rebaja en serio del impuesto al cheque, un fuerte incentivo para que la economía opere en negro. O del impuesto a la riqueza y las retenciones, con efectos también distorsivos. Lo preocupante es que en el gobierno estudian directamente aumentar el gasto público desde ahora en adelante, lo que, en definitiva, postergaría varios años una reducción impositiva en serio.

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Anne Krueger y Roberto Lavagna

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No son montos menores de lo que se está hablando: si Roberto Lavagna esconde esos $ 700 millones, el superávit primario del trimestre sería de $ 3.100 millones, aproximadamente. Es el triple de lo pactado con el FMI. Si no lo hace, treparía a casi $ 4.000 millones, equivalentes a 1.400 millones, monto nada despreciable, por ejemplo, para hacer un pago inicial a acreedores que muestren «buena fe» en la negociación.



En la oficina del FMI en Buenos Aires, ya están al tanto del tema, según trascendió de diferentes fuentes. Los técnicos del organismo estaban acostumbrados a maniobras para inflar las cuentas públicas, pero ahora, paradójicamente, ven al equipo económico desinflando los números oficiales. Por ello es que desde el Ministerio de Economía pasaron la decisión final a Néstor Kirchner, quien decidirá el número final a mostrar la semana próxima.

No es la única maniobra que se hizo en el trimestre. Se estuvo adelantando el pago a jubilados. En diciembre, para mostrar menor superávit, se decidió anticipar el pago de haberes que normalmente se realizaba en la primera semana de enero. En marzo se decidió pagar a todos los jubilados que debían cobrar en la primera semana de abril, pero también los que tenían que hacerlo en la segunda. Esto fue justificado por el gobierno por «los feriados de Semana Santa que iban a demorar la acreditación de haberes», cuando, en realidad, el cierre del trimestre y el cómputo de las metas de ese período con el FMI estaban detrás de esa generosidad con la clase pasiva.

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