A pesar de que a fines de diciembre de 1988 el subsecretario de Energía, Osvaldo Porteiro, sostenía que se iba a intentar mantener el suministro de energía en el microcentro «ya que la actividad bancaria en la última semana del año es muy importante», el augurio duró poco. Desde el 10 de enero de 1989 los bancos y las entidades financieras tuvieron que adaptarse para contribuir en el ahorro. Así, empezaron a trabajar más temprano y mudaron el horario de 10 a 15 por el de 8 a 12, con una hora menos de atención al público.
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También el mercado de cambios operó con un horario reducido, de 8 a 11, para el oficial, y de 8 a 12 para el libre. El mismo horario de operatoria bancaria provocó modificaciones en el de la Bolsa de Comercio y de Cereales. Luego de distintos cambios y reducciones, desde el lunes 16 de enero de 1989 quedó fijado de 9 a 12. Mientras transcurría la crisis, el Banco Central licitaba Letras, y el dólar rondaba los 16,6 australes.
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