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25 de septiembre 2006 - 00:00

Dudan mercados ahora del gobierno de Lula

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Por el momento los brasileños parecen estar al margen del último escándalo de corrupción que vincula, nuevamente, a la cúpula del partido gobernante PT. Habrá que ver la evolución de las encuestas esta semana. Pero, como de costumbre, fueron los inversores extranjeros los que reaccionaron más rápido, apurando la toma de ganancias.

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Esto dio lugar al clásico cóctel de suba del dólar (llegó a 2,20 reales), caída de la Bolsa paulista (-3%) y suba del riesgo país (+7%).

Pero más allá de estos lógicos vaivenes preelectorales de los mercados y mientras se digieren los impactos del nuevo escándalo, no sólo aumentó la probabilidad de que haya segunda vuelta, lo que cambiaría el escenario electoral, sino que, descontando un triunfo de Lula da Silva, se duda sobre la futura gobernabilidad.

Cabe señalar que gran parte de las perspectivas de reelección de Lula están basadas en el sólido respaldo que presenta en el Norte y Nordeste, donde vive la población más pobre del país, que experimentó una bonanza por efecto directo de los diferentes programas de transferencia de ingresos del gobierno federal y la explosión del crédito para consumo. Por eso, los escándalos pierden influencia.

Dicho esto, debe notarse que la imagen de Lula es muy superior a la de su Partido de los Trabajadores (PT). Es un dato que tendrá implicancias en un eventual segundo mandato.

En los mercados ya especulan con la capacidad de Lula de asegurarse gobernabilidad en el Poder Legislativo, en virtud de sus problemas y de la experiencia del actual mandato.

La reforma de la ley electoral impidió la formalización de una alianza amplia que sustente la candidatura presidencial de Lula. Esto obligó a celebrar alianzas informales, con varios de los partidos que formaron parte de la actual coalición oficialista. «Es muy probable que todos ellos formen parte de un futuro gobierno, pero no será suficiente para asegurar un nivel mínimo de gobernabilidad en el Congreso, ya que las estimaciones preliminares prevén que el total de legisladores que esta coalición podría reunir sería inferior al existente al inicio del actual período presidencial», advierte el economista Juan Soldano Deheza.

De modo que la llave de la gobernabilidad del próximo período presidencial la tendrá el mayor partido político de Brasil, el centrista PMDB. El rol efectivo y la capacidad de integración del PMDB a la coalición gobernante en el próximo mandato va a ser crucial para que el gobierno pueda desarrollar una agenda legislativa propia y sea menos susceptible a escándalos de corrupcióncomo los observados en el actual período.

El PMDB es, en realidad, una confederación de partidos regionales, muchas veces con intereses y objetivos conflictivos entre sí, con una casi absoluta carencia de ideología y donde predominan los intereses políticos y económicos personales de sus líderes junto con la necesidad de mantener y subsidiar sus estructuras políticas locales de apoyo por sobre cualquier visión ideológica. Esta situación lo ha convertido en parte indispensable de todo gobierno desde 1985, ya que cuenta con la mayor bancada de diputados y senadores en el Congreso.

«Existe una decisión política muy fuerte de incorporar al PMDB a la base oficialista, con un rol preeminente en términos de ministerios significativos para administrar y, lo que es más importante, se le otorgarán esos ministerios en forma vertical, o sea con la capacidad de gerenciarlos integralmente y no como ocurre en la actualidad, donde debajo de un ministro de un determinado partido, hay un viceministro de otro», afirma Soldano.

Sin embargo, ello no garantiza que se consiga articular una mayoría parlamentaria consistente y permanente que permita imponer la agenda legislativa del oficialismo.

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