Duhalde cuadruplicó la deuda pública argentina
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• Compensaciones
Es decir, sólo para compensar a deudores privados que en el momento de la pesificación (hace exactamente un año) debían u$s 21.895 millones, el Estado asumió una deuda que hoy equivale a u$s 22.648 millones. Es decir, un monto mayor que el monto total respecto del cual se quería dar el subsidio, el que se suponía debía ser no sólo parcial, es decir por un importe menor que el adeudado, sino además de una envergadura relativamente menor (digamos, por 20%). Pero no se tomó la medida fiscal como correspondía, sino que se mezclaron todos los activos y pasivos bancarios, en el intento de pesificar toda la economía. Por ello, entre otros desatinos, el Estado se terminó subsidiando a sí mismo, al pesificarse sus propias deudas con los bancos, deudas por las cuales luego tuvo que compensar a su vez a esos mismos bancos.
Pero no termina todo allí. Para evaluar la equidad del subsidio a los deudores, debe tenerse presente que a ese importante gasto público, instrumentado mediante deuda compulsiva, hay que sumarle lo que perdieron los depositantes del sistema financiero argentino, quienes también fueron pesificados y, como si eso fuera poco, «acorralados» por más de un año.
• Pagos
Mientras que los deudores pesificados, si no hubiesen cancelado aún sus obligaciones, deberían hoy el equivalente a u$s 9.150 millones, los depositantes, para colaborar en su subsidio, ya aportaron una suma estimada en u$s 8.800 millones. Es decir, hoy por hoy ambas partes pagarían lo mismo (aunque, en rigor, los depositantes ya lo pagaron y los deudores, todavía no). Claro que a cambio de unos activos, los adquiridos por esos créditos, que quedarán sólo bajo propiedad de los últimos. Para las otras dos partes, depositantes y futuros contribuyentes, sólo se repartieron pérdidas.
En términos fiscales, el costo de este subsidio equivale a un gasto público, decidido por el gobierno de Duhalde, que (a junio de 2003) sumará $ 75.870 millones, casi el doble de lo presupuestado para todo 2003. Una conclusión que puede extraerse es que la mayor parte de las decisiones de gasto público que habrá tomado este gobierno habrá tenido la forma de un gasto que recién se reconoce, y a duras penas, cuando ya no hay forma de decidir acerca de su conveniencia.
En términos de políticas públicas, significa un grave retroceso. En síntesis, la pesificación de deudas que se instrumentó resultó una transferencia de recursos públicos sobre la cual no hubo una deliberación acorde con su magnitud y cuyos resultados fueron absolutamente injustos.
(*) Economista jefe de EXANTE




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