19 de noviembre 2003 - 00:00

EEUU aísla Mercosur y arma su propio ALCA

El gobierno de los Estados Unidos admitió que Brasil no quiera avanzar en la negociación del ALCA más allá de un acuerdo muy modesto sobre intercambio de productos, privado de casi todas las dimensiones de una verdadera apertura comercial. Pero desde Washington se anunció ayer la firma de tratados de libre comercio, plenos, similar al que suscribió Chile, con otros cuatro países de la región: Colombia, Perú, Ecuador y México. El anuncio se produjo dos días antes de que se inicie la cumbre de ministros de Miami, que definirá el «mini-ALCA». La Argentina, subsumida en la estrategia de Brasil, quedará aislada de esa apertura, aún cuando durante los '90 abrió mucho su economía. El consenso interno para esa estrategia es cada vez más frágil y hasta desde la UIA se propone adoptar una política negociadora propia, independiente de Brasil, de mayor libertad comercial frente a Estados Unidos y la Unión Europea.

La cumbre de ministros que sesionará en Miami para definir el alcance que tendrá el ALCA estará dominada por un acuerdo previo entre los Estados Unidos y Brasil, tal como informó este diario el lunes pasado. Ese convenio salvó la mesa de 34 integrantes, ante la amenaza brasileña de abandonarla, como ya había hecho durante las negociaciones de la OMC en Cancún, hace poco más de un mes. Pero redujo al ALCA a un convenio mínimo, referido a comercio de bienes y, aun así, con un cronograma de liberalización bastante lento (hay productos que conocerán el arancel 0 dentro de 15 años). El resto de las materias en discusión (compras del sector público, reglas de inversión, políticas de competencia, leyes antidumping, derechos compensatorios, derechos de propiedad intelectual y subsidios agrícolas) será motivo de acuerdos bilaterales o multi-laterales, con la extensión que cada signatario prefiera.

Robert Zoellick, el representante comercial de los Estados Unidos, aceptó el «mini-ALCA» que le propuso Celso Amorim, el canciller de Brasil, sobre la base de un texto que aprobó el propio Lula Da Silva. Pero ayer explicitó cuál será la política de su país ante esa reticencia sudamericana: Zoellick anunció que en 2004 los Estados Unidos firmarán sus propios acuerdos de apertura comercial con Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Estos países ingresarían en un régimen que ya está vigente para México y Canadá (por su pertenencia al NAFTA) y también para Chile, cuyo tratado de libre comercio es la base de las negociaciones anunciadas por Zoellick.

La postura de Itamaraty levantó ayer la irritación de buena parte del empresariado brasileño.

• Esfuerzo

Otto Reich, principal asesor de la Casa Blanca para Latinoamérica, aclaró, casi irónicamente: «Este no es un esfuerzo para presionar a nadie. Esto no va a aislar a Brasil más que a cualquier otro país que no forme parte de las negociaciones». La salvedad de Reich oculta mal el obvio objetivo norteamericano: ceder porciones de mercado a países que, en algunos rubros, son competidores de Brasil. Y de la Argentina, claro.

Si bien nadie se refiere a él, el gobierno argentino resolvió subordinarse a Brasil en toda la negociación comercial. Eso no impide que envíe sus propios negociadores: Martín Redrado ya está en Miami y Roberto Lavagna y Rafael Bielsa viajarán el miércoles por la noche. El canciller resolvió hacerlo al cabo de una reunión de su gabinete en la que le hicieron ver que no convenía cederle a Lavagna semejante escenario, sobre todo con la voracidad que producen en el librero las negociaciones comerciales internacionales, a las que ya estuvo dedicado cuando fue embajador de Fernando de la Rúa.

• Tácticas

Estos funcionarios seguirán las táctica de Amorim aun cuando la Argentina no tiene los mismos intereses que defender: en áreas como propiedad intelectual, políticas de competencia, reglas de inversión, etc., abrió su economía durante los años '90 de un modo que los brasileños desconocen.

Esta adhesión de Néstor Kirchner a la estrategia de Lula y de su Cancillería presenta ya algunas fisuras en el frente interno nacional. Sin ir más lejos, la Unión Industrial Argentina acaba de producir un estudio en el que se aconseja retrotraer al Mercosur de su condición de unión aduanera (lo que supone un arancel externo común) a un área de libre comercio (con arancel 0 entre las partes, pero sin un nivel de protección común frente a teceros). En ese estudio divulgado por los industriales, se propone seguir el ejemplo de Chile, que suscribió acuerdos bilaterales hasta el punto de ampliar potencialmente sus mercados 100 veces más que la Argentina. El trabajo de la UIA propone no negociar más en bloque con Brasil y tener las manos libres para acuerdos de liberalización con la Unión Europea y los Estados Unidos. Es decir, salir de la posición actual e ingresar en la de los países de los que hablaron ayer Zoellick y Reich.

No es indiferente la identidad de quien propone esta estrategia de parte de los empresarios: es nada menos de Javier González Fraga, uno de los economistas más consultados por el gobierno de Kirchner aunque no esté entre los invitados a los «brain storming» de Roberto Lavagna. ¿Sabrán los industriales que contrataron a González Fraga lo que el ex presidente del Banco Central sostiene en sus estudios? O estarán tan desatentos a sus reflexiones como lo estaban cuando los papeles los escribía el nuevo Anticristo, José Luis Machinea.

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