EEUU aísla Mercosur y arma su propio ALCA
El gobierno de los Estados Unidos admitió que Brasil no quiera avanzar en la negociación del ALCA más allá de un acuerdo muy modesto sobre intercambio de productos, privado de casi todas las dimensiones de una verdadera apertura comercial. Pero desde Washington se anunció ayer la firma de tratados de libre comercio, plenos, similar al que suscribió Chile, con otros cuatro países de la región: Colombia, Perú, Ecuador y México. El anuncio se produjo dos días antes de que se inicie la cumbre de ministros de Miami, que definirá el «mini-ALCA». La Argentina, subsumida en la estrategia de Brasil, quedará aislada de esa apertura, aún cuando durante los '90 abrió mucho su economía. El consenso interno para esa estrategia es cada vez más frágil y hasta desde la UIA se propone adoptar una política negociadora propia, independiente de Brasil, de mayor libertad comercial frente a Estados Unidos y la Unión Europea.
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• Tácticas
Estos funcionarios seguirán las táctica de Amorim aun cuando la Argentina no tiene los mismos intereses que defender: en áreas como propiedad intelectual, políticas de competencia, reglas de inversión, etc., abrió su economía durante los años '90 de un modo que los brasileños desconocen.
Esta adhesión de Néstor Kirchner a la estrategia de Lula y de su Cancillería presenta ya algunas fisuras en el frente interno nacional. Sin ir más lejos, la Unión Industrial Argentina acaba de producir un estudio en el que se aconseja retrotraer al Mercosur de su condición de unión aduanera (lo que supone un arancel externo común) a un área de libre comercio (con arancel 0 entre las partes, pero sin un nivel de protección común frente a teceros). En ese estudio divulgado por los industriales, se propone seguir el ejemplo de Chile, que suscribió acuerdos bilaterales hasta el punto de ampliar potencialmente sus mercados 100 veces más que la Argentina. El trabajo de la UIA propone no negociar más en bloque con Brasil y tener las manos libres para acuerdos de liberalización con la Unión Europea y los Estados Unidos. Es decir, salir de la posición actual e ingresar en la de los países de los que hablaron ayer Zoellick y Reich.
No es indiferente la identidad de quien propone esta estrategia de parte de los empresarios: es nada menos de Javier González Fraga, uno de los economistas más consultados por el gobierno de Kirchner aunque no esté entre los invitados a los «brain storming» de Roberto Lavagna. ¿Sabrán los industriales que contrataron a González Fraga lo que el ex presidente del Banco Central sostiene en sus estudios? O estarán tan desatentos a sus reflexiones como lo estaban cuando los papeles los escribía el nuevo Anticristo, José Luis Machinea.


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