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8 de diciembre 2020 - 00:00

EEUU: el covid frena la economía, pero los mercados vuelan de fiebre

La segunda ola de la pandemia golpea con fuerza al país norteamericano. El mercado laboral creó 245 mil empleos netos en noviembre, muy por debajo de las expectativas. Pero Wall Street parece "vacunada de optimismo".

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Reuters

Touchée. La economía de los EE.UU. acusó recibo por primera vez de la segunda oleada de covid-19. La infección es una avalancha que no se detiene. Septiembre cerró con menos de 40 mil contagios diarios, diciembre excede los 200 mil con holgura. Nunca como ahora hubo más de 100 mil hospitalizados en simultáneo ni el sistema de salud estuvo tan estresado. Y si en un principio las cifras de occisos empalidecían con las de abril, la última semana la mortandad alcanzó nuevos picos. Y el pronóstico es reservado ante el ascenso de los casos y la escasez de camas y personal disponibles. El covid, la principal causa de fallecimiento en los EE.UU. ya sumó más de diez mil difuntos en los últimos cuatro días y 280 mil en el cómputo total. A diferencia de Europa, que sufrió el rebrote del virus con antelación, y registró una caída fuerte de la actividad del sector servicios en octubre y noviembre y una declinación de la actividad general el mes pasado, el giro económico en EE.UU. se mantiene a flote, aunque ya no se preserva indemne. Tocado pero no hundido, el mercado laboral creó 245 mil empleos netos en noviembre, y 344 mil en el sector privado, muy por debajo de las expectativas, y los menores guarismos desde la debacle de abril. ¿Cómo saber que el villano es el virus, y no otro factor (se cancelaron, por ejemplo, 93 mil contratos temporarios vinculados al censo 2020)? Basta con analizar la conducta de bares y restoranes, víctimas predilectas del distanciamiento. Tras seis meses de expansión, destruyeron 17,4 mil empleos netos.

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Tómese el informe laboral como un preaviso. Lo peor está por venir. La enfermedad y las restricciones de movilidad aumentaron sensiblemente luego de la medición (realizada temprano, en la semana del 8 al 14 de noviembre). ¿Qué cabe esperar de diciembre? Quizás un punto de inflexión en el mercado de trabajo y en el renglón de los servicios. De seguro, se pisará el freno de la recuperación. ¿Y cómo se explica entonces la algarabía de la Bolsa? La fiebre por las acciones depositó el viernes a los índices principales -el Dow Jones Industrial, el S&P 500 y el Nasdaq- en la cima de récords flamantes. No a pesar de las noticias sino gracias a su difusión. Ocurre que Wall Street está vacunada de optimismo. Mucho antes que Pfizer o Moderna pensaran en solicitar la aprobación de la FDA, la Bolsa gestionó el visto bueno de la Fed y recibió -en plena cuarentena- una inyección de poderosa política monetaria (y el placebo de los programas de emergencia para sostener el crédito privado, más eficaz aún). Y en paralelo la economía cosechó un soberbio impulso fiscal que le permitió remar con ímpetu hasta octubre cuando muchos de sus componentes vitales expiraron hace tiempo. No es novedad para nadie -la Fed de Powell se ocupó de recalcarlo- que resulta menester reforzar la política fiscal con una ración extra, a tono con una pandemia que duró más que lo previsto, y acrecentó su virulencia. No se discute la necesidad, sólo que coincidió con la última milla de la carrera electoral, y los políticos no se pusieron de acuerdo en la puntada final. ¿Qué festeja la Bolsa? Que nada se pierda y todo se transforme. La economía se resiente, pero gracias al bache en ciernes, la política construirá el puente fiscal que le permita sortearlo (quizás hasta que avance la vacunación masiva). ¿Y cómo lo sabe? Lo intuye. A demócratas y republicanos no los une el amor sino el espanto. Nadie querrá cargar con la mochila de una recesión evitable cuando resta definir en las urnas la suerte del Senado (el 5 de enero en Georgia). Más todavía,al Gobierno se le agotará el financiamiento el viernes próximo. ¿Habrá que proceder a su cierre parcial (un “shutdown”)?. Sería un caos en tiempos de pandemia. La Bolsa confió siempre que en una situación crítica se abrocharía un acuerdo. Y el viernes ya observó una solución salomónica sobre la mesa: la demócrata Nancy Pelosi se llevaría la ley para aliviar el covid y el republicano Mitch Mc Connell, la ley Omnibus para levantar la barrera del gasto. La Bolsa está “sobrecomprada” desde mucho antes -los once sectores del S&P500 cotizan por encima de la media de las últimas 200 ruedas- pero se ceba con otra vuelta de estímulo presupuestario que impida una prematura puesta del sol. Siempre se puede estar mejor, se diría. Hasta que no. Como Ícaro, su propio éxito y la ambición,la empujan más y más alto.

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