Fernando de la Rúa recibió ayer a un grupo de senadores de su partido en quienes quiso agradecer al bloque la aprobación de la ley de déficit cero. A la Casa Rosada llegaron Horacio Massaccesi, José María García Arecha, Luis Molinari Romero, Javier Meneghini y José María Sáez, a quienes el Presidente recibió en compañía de Chrystian Colombo. Mientras comían algunos fiambres, estos hombres del oficialismo comentaron algunas alternativas que aparecen ahora, cuando el gobierno pretende sacar todo el rédito posible de la norma sancionada para la recuperación de la confianza externa.
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Sobre este último tema, De la Rúa señaló que «no habrá milagros, debemos hacer un esfuerzo sostenido y el resultado llegará después de un tiempo». Comentó, igual que Colombo, que se están haciendo gestiones ante organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional y que «la Cancillería está haciendo también gestiones muy importantes frente a países de Europa que son decisivos». Todo tiende, como se sabe, a recibir algún respaldo en dinero que permita desalentar a quienes especulan con una crisis final de la economía del país.
De manera deshilvanada, como suele suceder en este tipo de tertulias, y mientras «picaban» un poco de fiambre, los senadores escucharon algunas opiniones interesantes del Presidente. Era inevitable, se refirió al discurso que Leopoldo Moreau pronunció el domingo por la noche: «No sé qué efecto tendrá sobre el público en general porque fue un discurso muy hecho para adentro del partido», comentó De la Rúa. García Arecha refirió las declaraciones que había realizado durante la tarde, cuando castigó a Moreau por «incoherente, ya que parece confiar más en Ruckauf que en nuestro propio gobierno, ¿o a Ruckauf no le hizo votar todo el ajuste sin decir palabra?».
• Precisiones
Mientras circulaba alguna broma -«Javico» Meneghini siempre es destinatario de una, esta vez por haber trasnochado en un bar de Riobamba y Santa Fe, vecino de la casa de Mario Losada y poco frecuentado por heterosexuales-, se pudieron escuchar precisiones sobre los próximos pasos que dará el oficialismo en materia de reestructuración presupuestaria.
Se comentó, por ejemplo, que Colombo y Domingo Cavallo piensan aprovechar algunos instrumentos ya existentes para mejorar la calidad del ajuste. Si bien todos coinciden en que la garantía del déficit cero pasa por el recorte drástico y ciego, se empezó ayer a avanzar en un programa llevado adelante por algunos asesores del jefe de Gabinete y por el secretario de Reforma del Estado, Marcos Makón.
Entre las características de este plan está una renegociación con los gremios de empleados estatales que están en estado de desesperación por la decisión oficial de dar de baja 30% de los contratos de personal. Se pretende ahora encontrar alguna forma de restricción que implique no sólo bajar gastos sino eliminar áreas ineficientes o superposiciones administrativas. La existencia de esos contratados hizo recordar nuevamente el nombre de Moreau (también el de Federico Storani) que apadrinan a muchos de ellos en áreas como la ANSeS o el PAMI.
También se están buscando fórmulas -según se comentó en lo de De la Rúa- para realizar ajustes menos dolorosos: por ejemplo, adelantar jubilaciones pagando 80% del salario de los que se retiran pero abonándoles 100% de las cargas sociales. «Es un sistema que se utilizó muy bien en la Ciudad de Buenos Aires», le recordaron al Presidente, quien no dejó entrever la existencia de un informe al respecto que se encargó de pedir a un asesor personal. Una alternativa que también se comentó en la reunión con los senadores es la eliminación de oficinas completas del Estado relevando al personal de asistir al lugar de trabajo: «Se puede ahorrar mucho haciendo que la gente se quede en su casa aunque siga cobrando el salario», dijo uno de los legisladores.
Finalmente, se esbozó la idea de establecer alguna comisión con personal de la Jefatura de Gabinete y de Economía para disponer de esta reingeniería del Estado, sobre este criterio: «Si tenemos que realizar un nuevo ajuste que resulte cruento, lo que se va a poner en duda es la viabilidad misma de estos recortes; por eso es mejor pensar también formas más sofisticadas de bajar el gasto».
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