El Banco Mundial prevé un encarecimiento de los cereales, los aceites vegetales y los fertilizantes durante el 2026, mientras que el litio registra un retroceso de precios impulsado por la recuperación de la oferta minera, y una contracción de la demanda de vehículos eléctricos en China.
En este marco, las proyecciones muestran incrementos del 17% para los aceites y harinas, del 14% para los cereales y de otro 14% para los fertilizantes durante este año. El organismo anticipa nuevas subas agrícolas en el próximo año, aunque prevé una moderación en los costos de los fertilizantes.
El informe Commodity Markets Outlook, publicado hace menos de un mes, atribuye las tensiones sobre los precios al conflicto en Medio Oriente, las interrupciones comerciales en el mar Negro, la mayor demanda de biocombustibles y los riesgos climáticos asociados con el fenómeno de El Niño.
El Banco Mundial prevé un encarecimiento de los cereales, los aceites vegetales y los fertilizantes durante el 2026.
La soja frente a la demanda de biocombustible
El Banco Mundial estima que la tonelada de aceite de soja alcance los u$s1.585 en 2026, lo que representa un marcado salto frente a los u$s1.140 de 2025. La tendencia alcista se extenderá hasta 2027 con un pico proyectado de u$s1.765, antes de iniciar una corrección hacia los u$s1.601 en 2028 a medida que cedan las presiones de mercado.
La demanda de biocombustibles constituye uno de los principales factores de ese aumento. Cabe destacar que, en EEUU, el aceite de soja destinado a ese uso superaría por primera vez la mitad del consumo interno.
La soja en grano subiría 18% este año, hasta u$s489 por tonelada, y otro 5% en 2027, hasta u$s515. La entidad prevé que la producción mundial alcance un sexto récord consecutivo, aunque el crecimiento de la oferta no bastaría para contener los precios.
Sin embargo, el Banco Mundial estima que "el consumo crecerá aún más rápido", pese a la suba prevista de la producción mundial durante la campaña 2026-2027.
La soja en grano subiría 18% este año, hasta u$s489 por tonelada, y otro 5% en 2027, hasta u$s515.
Sustenomics
Además, el organismo proyecta que la tonelada de aceite de palma alcanzará los u$s1.146 en 2026 y escalará a u$s1.256 en 2027. El organismo alertó que los mercados de aceites comestibles se encuentran operando con oferta ajustada, lo que vuelve al sector altamente vulnerable ante eventuales restricciones al comercio o a un recrudecimiento del fenómeno climático El Niño en los países productores.
Los riesgos para las cosechas de trigo y maíz
El trigo liderará los incrementos dentro del complejo cerealero con un salto del 28% en 2026, alcanzando los u$s311 por tonelada. Según las estimaciones del Banco Mundial, la tendencia alcista continuará en 2027 con un incremento del 14% hasta un pico de u$s353 por tonelada, para luego corregir a u$s315 en 2028.
El Banco Mundial prevé un recorte del 3% en la producción mundial de trigo para la campaña 2026-2027, golpeada por la baja de cosechas y las trabas logísticas derivadas del conflicto en el mar Negro. El escenario más crítico se registrará en EEUU, donde la cosecha se desplomará un 23% —tocando su nivel más bajo en 55 años— a causa de la sequía, las olas de calor extremo y la menor superficie de siembra.
Argentina y Australia también registrarían cosechas más bajas. Las interrupciones de los embarques desde Rusia y Ucrania añaden incertidumbre a un mercado que afronta una reducción mundial respecto del consumo.
El trigo liderará los incrementos dentro del complejo cerealero con un salto del 28% en 2026, alcanzando los u$s311 por tonelada.
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En ese marco, el maíz subiría cerca de 10% en 2026, hasta alcanzar los u$s223 por tonelada, y un 5% adicional en 2027, hasta los u$s235. El arroz tailandés alcanzaría los u$s448 este año y los u$s500 en 2027, con riesgos asociados a las precipitaciones y los rendimientos agrícolas.
El Banco Mundial enfatiza en que "los suministros mundiales de cereales disminuirán en 2026-2027 por primera vez en cuatro años", aunque las existencias acumuladas podrían limitar parte de las presiones sobre los precios.
Fertilizantes y el impacto en los costos agrícolas
El índice de precios del mercado de fertilizantes cayó un 22% en el tercer trimestre de 2026, neutralizando el incremento en igual proporción registrado en el trimestre previo. El comportamiento estuvo liderado por la urea, que sufrió un fuerte pico de alza tras las trabas al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, antes de normalizarse por la reapertura de las exportaciones desde China.
Pese a esa corrección trimestral, el Banco Mundial proyecta un incremento anual del 14% en los precios de los fertilizantes durante 2026, debido a las interrupciones comerciales, los mayores costos de producción y las restricciones a las exportaciones.
La urea, según las proyecciones, promediará u$s510 por tonelada en 2026, mostrando un marcado aumento frente a los u$s423 de 2025. Hacia 2027 y 2028 se prevé un alivio en los costos —cayendo a u$s429 y u$s368 respectivamente— impulsado por una eventual normalización de los envíos desde Medio Oriente y menores valores del gas natural. Por su parte, la oferta exportable de China escalará a 7 millones de toneladas este año, ayudando a amortiguar las trabas previas en el Golfo.
El fosfato diamónico (DAP), utilizado en cultivos de cereales y oleaginosas, alcanzaría los u$s735 por tonelada en 2026, antes de bajar a u$s602 en 2027. Las dificultades para obtener azufre y amoníaco elevaron sus costos de producción.
El índice de precios del mercado de fertilizantes cayó un 22% en el tercer trimestre de 2026.
El Banco Mundial prevé una baja del 12% en los precios de los fertilizantes para 2027 y de un 8% en 2028, un descenso sujeto a que se restablezcan las rutas de suministro global y cedan los costos de la energía.
El Banco Mundial advirtió que los riesgos para los precios de los commodities siguen inclinados al alza debido a potenciales fricciones logísticas en el transporte y al encarecimiento de los insumos. De acuerdo con el organismo, el desempeño de los productos agrícolas y fertilizantes estará condicionado por el impacto climático de El Niño, la fluidez del comercio global y la estabilidad energética. En el caso del litio, el rumbo estará marcado por la capacidad de producción minera y la demanda de baterías.