El campo, entre quejas y las amenazas extremas
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Un grupo de gauchos encabeza la caravana que se realizó en Jesús María, Córdoba, para
marcar el inicio del primer paro agropecuario contra Néstor Kirchner.
En la sede de la Sociedad Rural, en Jesús María, sonaron amenazas de todo color. Desde bloquear el ingreso a los frigoríficos -Diego Uraña, de la SR de Deán Funes- hasta la desmesura de «quemar la Casa de Gobierno» -un exaltado Carlos Peiretti, de la SR de Canals-.
Pero abundó, ante todo, la propuesta de extender el paro hasta el próximo fin de semana o, en casos extremos, estirarlo durante todo el mes. Hasta ayer, luego de un sondeo en la cúpula de CRA, indicaban que esa alternativa no era posible.
Nada está cerrado y podría asomar una chispa si crece la sospecha de que los frigoríficos aceptaron postergar sus operaciones para hoy -para simular que el paro no afecta a Liniers- a cambio de negociar un precio máximo, conveniente para sus compras.
Sobre los empresarios de los frigoríficos cayó una y otra vez el castigo de los productores, al punto de que los dirigentes ruralistas les atribuyeron haber hecho «negocios oscuros».
Con paro o sin él, la actividad podría resentirse el resto de la semana por otro factor: el gremio estatal ATE, crítico de Kirchner, convocó para jueves y viernes una medida de fuerza en el SENASA que llegaría a estorbar las operaciones.
En el «pack» de protestas sugeridas que escucharon Mario Llambías y Eduardo Roulet, presidente y vice de CRA; Miguel Picat de la Sociedad Rural de Jesús María, y Ricardo Osella, de CARTEZ, más de una enfocó al SENASA: podría ser una opción para limitar las operaciones comerciales.
Pero sobre todo, la furia se personalizó sobre Kirchner, a quien trataron de ignorante y violento, sobre Campos y Javier de Urquiza, y con inquina contra Felisa Miceli. «Es una pseudoministra que anuncia algo a una hora y al rato dice otra cosa», pegó Osella.
Se aplaudió luego a rabiar el planteo de elevar un pedido para que Moreno, Campos y De Urquiza renuncien a sus cargos. Se convirtió en uno de los más apoyados entre los pedidos de tribuna; el otro fue el planteo, también recurrente, para crear un «partido rural» (ver vinculada).
El tenor de los reclamos es, según un dirigente, consecuencia de la «despolítica» del gobierno hacia el campo. «Si hubiese en el área -interpretó- un funcionario con cintura y capacidad de diálogo, nunca se hubiese llegado ni a esta medida ni a este nivel de enojo.»




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