29 de mayo 2001 - 00:00

El Central quiere bajar costo de créditos

El Central quiere bajar costo de créditos
Desde el viernes, los bancos deberán operar bajo las reglas de la demorada reforma financiera que terminó de instrumentarse este fin de semana. Esta no aumentará la oferta de crédito, pero tendrá dos efectos:

• Abaratar los préstamos:
permite que las entidades usen el dinero de las cajas para integrar los encajes. Por eso los «bancos sucursaleros» anotarán una reducción de sus costos operativos y eso podría beneficiar a los tomadores de préstamos.

• Aumentar las reservas del Banco Central en 1.600 millones de dólares:
se trata de un artilugio que permitirá disimular en parte las pérdidas de reservas ocurridas desde el comienzo de este año por la caída de depósitos (en total se fueron 3.725 millones), que empezaron a recuperarse en los últimos días. Ese incremento de reservas se producirá gradualmente hasta setiembre. Esta reforma fue dictada por Domingo Cavallo no bien consiguió los poderes especiales. Pretendía expandir el crédito de la economía hasta en 9.000 millones de dólares, sin el correspondiente aumento de los depósitos. Fue el desencadenante de las peleas entre el ministro y el ex presidente del Banco Central, Pedro Pou, quien se negaba a instrumentar esta reforma. Pero aunque Cavallo consiguió removerlo, fue el FMI el que se negó al desborde monetario. Por eso el flamante titular del Banco Central, Roque Maccarone, debió instrumentar una reforma neutra desde el punto de vista monetario, pero que igualmente cambiará la operatoria de los bancos.

Cómo es la reforma

En esencia, la reforma tiene dos componentes:

a) Permite computar el dinero de las cajas de los bancos para integrar los encajes (es decir, las inmovilizaciones que deben hacer las entidades sobre los depósitos).

b) Obliga a los bancos a constituir los encajes sobre los depósitos en la misma moneda en que fueron captados. De ahí que las entidades deberán transformar unos 1.600 millones de dólares de encajes (llamados requisitos mínimos de liquidez o RML) que hoy están depositados en el exterior, por pesos comprados en el Banco Central. Para evitar un desborde monetario, Roque Maccarone decidió sustituir los viejos encajes por nuevos ahora llamados «efectivos mínimos».

Esos «efectivos mínimos» convivirán con los RML. Los «efectivos mínimos» se exigirán exclusivamente sobre los depósitos a la vista (es decir sobre las cuentas corrientes y las cajas de ahorros). Son encajes que se integrarán exclusivamente con: 1) el dinero que mantienen los bancos en sus 4.400 bocas de atención al público; 2) los depósitos que realicen las entidades en el Banco Central. En cambio, sobre los depósitos a plazo continua-rán existiendo los RML que se pueden integrar con los encajes que se constituyen en el Deutsche Bank sucursal Nueva York; con depósitos a interés que hacen los bancos en el Banco Central (hasta ahora llamados «pases», y que se llamarán, sin eufemismos, depósitos), y con un bono que colocó Cavallo entre los bancos por 2.000 millones para que lo utilicen como RML.

Encajes diferenciales

Para evitar el desborde monetario que significaría utilizar como encajes el dinero de las cajas de los bancos, Maccarone decidió crear encajes diferenciales, en lugar de los requisitos mínimos de liquidez de 18% que rigen para todos los depósitos hasta el próximo jueves. Por un lado, los «efectivos mínimos» (que rigen sólo para los depósitos a la vista) fueron fijados en 15,5% (técnicamente, 11,5% para crisis sistémicas y 4% para las necesidades operativas de los bancos). Pero por el otro, elevó los RML de 18% a 22% (20,5% para los plazos fijos y otro 1,5% para las necesidades operativas).

Según los técnicos del Banco Central, eso sería neutro para el sistema financiero: en promedio, la absorción de recursos por estos encajes diferenciales (es decir, entre «efectivos mínimos» y RML) es de 21% de los depósitos (18%, como eran hasta ahora, más 3 puntos adicionales para compensar el efecto de la expansión monetaria de permitir el cómputo del dinero en las cajas de los bancos). Por eso en el Banco Central se dice que esta reforma financiera es neutra desde el punto de vista de los encajes.

Moneda

Por el otro lado se dispuso que los «efectivos mínimos» (es decir, los encajes sobre los depósitos en cuentas corrientes y cajas de ahorros) sean realizados en la misma moneda en que fueron contratados los depósitos. Y como hasta ahora la mayor parte de esas inmovilizaciones (18% sobre el total) se realiza en dólares, si el Central no hubiera hecho nada, habría habido en junio una fuerte venta de dólares al BCRA para integrar los encajes en pesos (en total, por unos 1.600 millones). El problema afecta especialmente a los bancos extranjeros, que constituyen la mayor parte de sus encajes en dólares.

Para evitar un recalentamiento de las tasas en pesos, se creó un cronograma gradual de encuadramiento desde junio hasta setiembre.
Los bancos deberán transformar esos dó-lares en pesos con el siguiente cronograma: 10% a fines de junio, 30% en julio, 60% en agosto y 100% en setiembre. Es decir que el Central terminará de absorber esos dólares a principios de octubre.

Los bancos, por su parte, tendrán hasta entonces que anotar las pérdidas cambiarias que significa la transformación de dólares a pesos. Finalmente, habrá una mayor demanda de pesos que hasta ahora, pero el cambio ocurrirá sin la estridencia capaz de modificar las tasas de interés de los depósitos en pesos. De todos modos, el Banco Central mane-jará la liquidez con sintonía fina. Recién cuando se verifique en la práctica que el cambio es inocuo desde el punto de vista de la liquidez, la entidad monetaria volverá a aumentar, antes de fin de año, los encajes tres puntos en promedio, tal como fue acordado con el FMI.

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