El clima de la reunión entre Dominique de Villepin y Néstor Kirchner lo impuso el visitante, que arrancó con un rostro preocupado: «La revisión del programa argentino tiene dificultades, lo vieron ustedes en la última votación del board del Fondo.
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Francia, agregó, votó esta vez por la Argentina, pero tienen que hacer un esfuerzo».
Le quedó picando al Presidente para responder con palabras conocidas: «El país ha elegido un modelo que no podemos resignar. Es crecer y, si no crecemos, no se puede pagar. Si se ajusta, como se hizo antes, se interrumpe el crecimiento», bisbiseó Kirchner.
El Presidente, que estaba acompañado por Rafael Bielsa, Alberto Fernández y Roberto Lavagna, abrió otro capítulo ácido de las relaciones entre los dos países: la situación de las empresas. Villepin dijo que su país estaba confiado en las posibilidades de la Argentina como destino de las inversiones. Kirchner, un filetero de la mortificación, sacó una carpeta que decía en la cubierta «Thales» -la empresa a la que el gobierno le descontrató el control del éter-y se la dio a Villepin. Este, en acto que habrá ensayado el canciller francés, la derivó con un gesto a un costado de la mesa y respondió: «El color de las relaciones entre mi país y la Argentina no pasa por el nombre de una empresa».
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