El disimulo del costo argentino
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Siendo que los commodities son el tercio del PBI argentino, implicarían un fuerte crecimiento aun si nada más creciera. Si al PBI-IndeK le descontamos la inflación real y el aumento de los commodities nos da un crecimiento negativo. Para colmo, el « crecimiento» está concentrado. Según el IERAL, entre la industria automotriz, las metálicas básicas y la metalmecánica se explica 75% del crecimiento industrial.
La Argentina tiene un problema de «costo argentino» ( altos impuestos, interminable burocracia, etc.) que quieren disimular con un «dólar caro» como si no fuera ya demasiada arbitrariedad unos aranceles aduaneros que perjudican a la mayoría que son consumidores. El sector servicios hoy ocupa 63,5% de los trabajadores.
Con el dólar anclado en $ 3, según el índice de «The Economist», en julio 2008 un Big Mac en EE.UU. costaba u$s 3,57 y en la Argentina u$s 3,64: se terminó la «competitividad». Al mismo tiempo, los subsidios y controles resultan en algunos precios baratos, y Buenos Aires es una de las ciudades con menor costo de vida del mundo, según Mercer. Subsidios que van principalmente a los ricos.
Presionado por el gasto, que se triplicó entre 2001 y 2008, y la deuda estatal (u$s 144.728,6 M en mayo 2008, contra u$s 144.222 M del final de la convertibilidad), el IPC no para de subir, provocando una caída general en el consumo de 9%, según CAME, aunque subió entre los más ricos.
Hablando de deuda, con el pago de una tasa de 15,5% en la nueva emisión de «BODEN 2015», comprados por Hugo Chávez, el Estado implicó una tasa de riesgo-país de 11,6% (diferencia con la del bono del Tesoro, de 3,94% el 7 de junio) que actúa como piso al financiamiento empresarial.
En 2008, el Estado dilapidará$ 47.000 M en subsidios. Los mayores beneficiarios son los más ricos: los que más consumen energía, transporte, alimentos y demás. Para « balancear» esto, el gobierno autorizó un aumento diferencial, pero resulta que hay ONG que sirven a los pobres y que consumen más de 650 kw/h bimestrales y, entonces, pagarán 30% de aumento.
Insólitamente, los recursos se dilapidan. Las AFJP, atadas por tanta coacción estatal, destrozan los ahorros, demostrando que es más sabio dejar el dinero en manos de los trabajadores que obligarlos coactivamente a hacer aportes. Contando la inflación real de 2007, la rentabilidad fue de -8% en promedio y la cosa sigue en caída libre.
(*) Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.




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