El dólar en $ 3,10
Hay nerviosismo en los mercados, más allá de cuanto sucede en Estados Unidos. Es cierto que están saliendo divisas de la región y basta observar a Brasil: el dólar, que llegó a acercarse a 1,50 real, ayer cerró a 1,82. Pero en la Argentina, noticias positivas del exterior impactan poco y las negativas se potencian. El riesgo-país clausuró a 754 puntos, con un alza de 1,6%. Como en los días del conflicto con el campo, ahora hay más demanda de dólares de público y empresas. Atentos a esto, exportadores demoran liquidaciones. Así, el dólar vuelve a apuntar al alza. Aun con el pago que se hará antes de fin de año al Club de París, el BCRA cuenta con poder de fuego para fijar el tipo de cambio. Pero hay que seguir de cerca -para avizorar hasta dónde puede llegar el dólar- la cotización de la soja, un nuevo factor de preocupación ya lejos de los 600 dólares y ayer cerrando en torno a los u$s 435.
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En el mundo el comportamiento no es distinto. Ante la baja del oro, los bonos del Tesoro de Estados Unidos y el euro, eligen los dólares. Esto se llama «trampa de la liquidez».
En la Argentina hay un estímulo adicional para comprar dólares: el gobierno destruyó sus propios bonos con datos de inflación no creíbles y dejó a la gente sin instrumentos para cubrirse de la suba en los precios. No se entiende cómo se puede estimular la demanda de dólares en épocas de crisis. Lo bueno es que el Banco Central se decidió a hacer subir la divisa para no subsidiar la especulación.
Lo cierto es que todos quieren dólares. El pasado condena a la Argentina. Por eso en las casas de cambio se ve gente tan distinta. Desde público con traje hasta personas con vestimentas que ponen en evidencia que no pueden tener ahorros. Unos son compradores genuinos. Los otros sólo tienen propio su DNI y son contratados por quienes revenden los dólares en el mercado marginal y no quieren ser identificados ante la AFIP.
Este mundo ayer funcionó a pleno. En el MEC, la plaza de los corredores de cambio donde se abastece una parte del mercado minorista, se operaron nada menos que u$s 293 millones, un volumen más alto que en los días de conflicto con el campo.
En el Forex MAE, la principal plaza mayorista donde actúan los bancos, las operaciones sumaron u$s 509 millones. La reacción del monto de negocios fue porque el dólar mayoristase puso muy comprador a primera hora. A las 11.30 el dólar en el Forex-MAE cotizaba a $ 3,1050. Enseguida apareció el Banco Central para bajarlo. Vendió más de u$s 80 millones al contado y u$s 120 millones a futuro. Con esta operación de pinzas, logró que el dólar mayorista cerrara a $ 3,081, levemente más alto que el día anterior.
En el OCT-MAE y el Rofex, los mercados de futuro, no hubo tendencia firme en los fines de mes. Por caso, fin de setiembre subió 0,10% a $ 3,078 y fin de año bajó 0,28% a $ 3,11.
Las caídas más fuertes fueron en los plazos más largos, donde fin de febrero al cerrar a $ 3,14 cedió 0,60%.
La intervención del Central, la primera desde que comenzó esta suba del dólar, le hizo ver al mercado que no va a permitirque la divisa llegue a cualquier cifra. Este comportamiento del Central, que no permite que se deduzca un patrón de intervención, es lo que vuelve más cautos a los compradores de dólares. El Central apareció en medio de una efervescencia compradora cuando el «bid» (compra) sumaba una demanda de u$s 120 millones y en el «offer» había anotados sólo u$s 5 millones. La mesa de dinero del Central comenzó a barrer todo el «bid» que aparecía y consiguió doblegar los precios, aunque se operó con intensidad todo el día.
El problema es que si el Central va a seguir vendiendo con esta intensidad, no se va a poder pagar al Club de París, a pesar de que el gobierno ratificó la cancelación de esta deuda. Si lo hace, va a debilitar las reservas. Cuando esto sucede, los compradores se multiplican.




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