El economista jefe del Fondo Monetario Kenneth Rogoff, reiteró ayer su rechazo a los sistemas de cambio fijo como la convertibilidad y estimó que están dadas las condiciones para implementar un esquema de «metas de inflación».
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A diferencia de lo que tradicionalmente se dice desde Washington, aclaró que la liberalización de la entrada y salida de capitales no necesariamente significa crecimiento económico para países más pobres como la Argentina. Al contrario, recomendó avanzar hacia una liberación de la cuenta de capitales gradualmente y con cierta precaución.
El prestigioso economista, que en pocos meses dejará el organismo y pasará a integrar el plantel de Harvard University, disertó sobre ayer por la mañana en el Banco Central, y por la tarde se acercó hasta la Universidad Torcuato Di Tella para presentar sus últimas investigaciones sobre integración y globalización financiera.
El esquema de metas de inflación «es una opción viable y potente para la Argentina», señaló Rogoff frente a unos 200 economistas que se acercaron hacia la sede de la entidad que dirige Alfonso Prat-Gay, aunque relativizó su utilidad en la Argentina al comentar que los principales tres bancos centrales del mundo no aplican políticas de metas de inflación.
El economista del FMI advirtió sobre el riesgo que implica la deflación en la economía mundial, un fenómeno que nítidamente se advierte en Japón, Hong Kong, Taiwán y que comienza a verse ahora en Alemania.
En la Universidad Torcuato Di Tella señaló que la apertura de la cuenta de capitales, no necesariamente significa crecimiento económico para los países más pobres. «China e India, por ejemplo, han alcanzado notables tasas de rendimiento durante los noventa a pesar de los muy escasos avances mostrados en la apertura de su cuenta de capital». Para Rogoff no sólo el gigante asiático estuvo cerrado a cualquier tipo de capital volátil financiero sino que «la entrada de inversiones extranjeras directas fue realizada incluso con regulaciones gubernamentales para causar el menor ruido posible».
Para el economista, una política de libre movilidad de capitales no es condición suficiente para alcanzar altas tasas de crecimiento. Y da como ejemplo el caso de Perú: «un país que se abrió bruscamente durante la década pasada y fue azotado por una fuerte inestabilidad económica».
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