24 de enero 2014 - 20:16

El Gobierno va a todo o nada

Por Rodrigo Alvarez Litre.- (Economista. Director de Analytica). Ante la persistente y acelerada caída que vienen mostrando las Reservas Internacionales, el Gobierno "pateó el tablero" al permitir una devaluación del peso de 20% y anunció que autorizará la compra de divisas para ahorro (previa autorización de la AFIP). Ahora el equipo económico, sale a contener expectativa al señalar que una cotización del dólar en alrededor de $ 8 es "aceptable para los objetivos de la política económica". ¿Son suficientes estas medidas para equilibrar el mercado cambiario y revertir la tendencia de las reservas internacionales?.

Veamos. Abrir el cepo en las condiciones actuales (sin financiamiento externo) y con un muy bajo nivel de cobertura de los pasivos monetarios puede ser letal para las reservas internacionales, por lo que la cláusula de "previa autorización de la AFIP" puede terminar siendo demasiado restrictiva.

Es probable que el Gobierno haya calzado este previsible aumento de la demanda de dólares "oficiales" con un compromiso por parte de las exportadoras de liquidar parte de los stocks retenidos. De lo contrario la medida sería temeraria. La expectativa es generar un "puente" de divisas hasta el segundo trimestre, cuando vuelven a aparecer los dólares de la nueva cosecha gruesa. Luego debería llegar el financiamiento externo que permita afrontar los vencimientos de deuda sin una caída significativa de reservas. Hoy por hoy ésta secuencia es sólo una hipótesis.

Lo cierto es que estamos ante un equilibrio delicado; el Gobierno está abriendo un nuevo canal para que salgan dólares con un stock de reservas declinante y acotado. En 2011, por caso, se fugaron más de US$ 20.000 M en concepto de salida de capitales (o atesoramiento). Nadie espera un monto similar en 2014, pero la presión compradora va a ser significativa.

Es por ello que si quiere contener la demanda de dólares el BCRA deberá convalidar un marcado ajuste en las tasas de interés. El ahorrista tiene que percibir que existen otras alternativas rentables y los bancos deberán competir por los depósitos, presionando en toda la estructura de tasas. El costo de financiamiento de las familias y las empresas deberá aumentar.

La onda expansiva de la devaluación también terminará acelerando la dinámica inflacionaria. No se trata de una cuestión menor. Los productos y servicios que dependen directa o indirectamente del tipo de cambio acusarán el impacto del salto en el tipo de cambio oficial. El problema es que ésta nueva escalada se monta sobre un proceso de aceleración inflacionario ya instalado luego de la salida de Guillermo Moreno.

Con la inflación en franco ascenso, el gobierno deberá lidiar con negociaciones paritarias muy complejas. Los trabajadores exigirán una importante recomposición salarial y cláusulas gatillo de revisión trimestral en caso de que los precios vuelvan a escalar. Se presentan dos alternativas: si los aumentos no logran compensar el incremento en el costo de vida, el consumo resultará golpeado. Si por el contrario las subas son elevadas, probablemente las empresas licúen sus costos con una nueva ronda de aumento de precios. No casualmente el gobierno lanzó el plan Progresar, que constituye una transferencia de recursos directa para los sectores más afectados por los recientes anuncios.

En este escenario, si el Gobierno no logra revertir en forma sistemática y consistente la escalada ascendente de inflación y suba salarial, será difícil contener las expectativas de un nuevo salto en la cotización del dólar.

Para lograr un verdadero quiebre de las expectativas, es necesario que se explicite e instrumente un plan económico integral con objetivos de corto y mediano plazo que apunten a resolver el desequilibrio cambiario sin descuidar el frente interno. Es prioritario reducir los niveles actuales de inflación y ajustar precios relativos, buscando el equilibrio fiscal y monetario. No menos urgente es lograr que el BCRA pase de vendedor empedernido o comprador consistente de divisas para calmar las expectativas devaluatorias. No hay margen para que el Gobierno siga manejando la economía a partir de ajustes parciales como los que estamos viendo.

* (Economista. Director de Analytica).

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