22 de agosto 2002 - 00:00

El golpe que le dio Cavallo a De la Rúa

En una reciente exposición dada en Harvard, organizada por el National Bureau Research, Cavallo dio explicaciones acerca de su gestión, y sobre la caída del gobierno del presidente De la Rúa, la que atribuyó a un golpe de Estado, sin intervención militar, llevado a cabo por Duhalde, con el apoyo de Alfonsín. Es posible que haya cierta dosis de verdad en esta afirmación, pero esto no excluye el análisis de la propia gestión de Cavallo, la que tuvo una fuerte incidencia en aquella caída, por la desconfianza que sembró el ex ministro, con sus dichos y sus hechos.

Al principio, afirmó que no habría nuevos impuestos, pero a los pocos días creó el impuesto al cheque, de fácil recaudación. También dijo que no habría sorpresas en las reglas de juego, pero todos los fines de semana (de frenética actividad) aparecían novedades. Un ej.: cuando anunció la introducción del euro en la convertibilidad, dijo que ésta se concretaría, recién cuando esta moneda estuviera en una relación de cambio de 1 a 1 con el dólar. Sin embargo, a los pocos días, envió un proyecto de ley en tal sentido, lo que provocó un desconcierto generalizado, ya que el euro estaba muy lejos de esta paridad. El error más importante de Cavallo fue, posiblemente, esta modificación de la convertibilidad, al ser interpretada como un intento solapado de devaluación. Comenzó a resquebrajarse la confianza pública en una regla de oro, que había sido creída por la sociedad durante una década: 1 peso=1 dólar.

Pero donde el ex ministro dejó estupefacta a la audiencia, fue en la reunión que se hizo en el Banco Central (6/4/01), con motivo de cumplirse diez años de vigencia de la convertibilidad. En esta reunión, Cavallo comenzó diciendo que los economistas argentinos nunca entendieron la convertibilidad. Luego dijo que la política monetaria de Pou era recesiva, cuando debía ser expansiva, lo que supone, implícitamente, que en la convertibilidad podía haber una política monetaria activa, algo incompatible con la misma.

• Reacción

Pero lo que más asombro causó fue cuando afirmó la insolvencia esencial del sistema financiero, en virtud de la baja calidad de los activos, por la «depresión económica y por la marcha negativa de la economía». Si el propio ministro de Economía hablaba de esta forma sobre los bancos, y además generaba dudas sobre la continuidad de la convertibilidad, ¿cuál podía ser la reacción de la gente?: comenzar a retirar el dinero de los mismos. Solamente en abril, los depósitos del sistema cayeron en 3.000 millones de dólares (cifras redondas), lo que representaba 4% sobre el nivel de marzo.

• Desconfianza

Otra cosa que suscitó desconfianza sobre los bancos fue la colocación compulsiva de deuda publica (2.000 millones de dólares), en las reservas de éstos, lo que significa el deterioro de las mismas, ya que no es igual tener dólares que títulos de deuda de un Estado con grandes problemas fiscales.

A esta altura, ya resultaba claro que a Cavallo le molestaba la independencia del Banco Central. La arremetida contra Pou en la citada reunión fue seguida con la destitución de éste. Quería tener las manos libres para seguir la política monetaria que consideraba adecuada.

No obstante estas iniciativas, la situación continua-ba deteriorándose, vía el retiro de depósitos, la pérdida de reservas, el alza de la tasa de interés y el incremento del spread entre tasas de interés en pesos y en dólares. A fines de junio, el riesgo-país sobrepasó los 1.000 puntos básicos, y nunca volvió a retroceder por debajo de este nivel.

• Jugada

Después del megacanje, que tampoco logró atenuar la desconfianza de los inversores financieros, Cavallo intentó una nueva jugada, compuesta, como él mismo lo señaló en la exposición de Harvard, de dos elementos: el déficit 0, y el canje, para los residentes argentinos, de títulos públicos por préstamos garantizados, que tenían la garantía colateral de la recaudación tributaria. El déficit 0 era inviable políticamente, y en el orden provincial dio origen a una proliferación de «cuasi monedas», que eran usadas como medios de pago.

Con respecto al citado canje, se congeló el activo en títulos públicos de dichos residentes, ya que desaparecía el mercado secundario para los nuevos papeles, lo que evitaba que la tasa de interés hiciera transparente la opinión de éste respecto de los pagarés garantizados. A pesar de la euforia del ministro, respecto del impacto favorable que tendría esta reestructuración parcial de la deuda pública, el riesgo-país siguió en ascenso. Desde el comienzo de la gestión de Cavallo, hasta fines de noviembre, se habían retirado 13.000 millones de dólares de los bancos, como consecuencia de la profunda desconfianza del público en la liquidez de éstos, y en el mantenimiento de la convertibilidad. En diciembre se implantó el famoso «corralito», con fuertes restricciones para el retiro de efectivo, y con una bancarización forzosa. Se dispuso, asimismo, el control de cambios. Con esto, se produjo el deceso de la convertibilidad (3/12/01), que había visto la luz diez años y ocho meses antes (1/4/91). El padre de la criatura se convirtió en parricida.

• Interpretación

¿Cuál puede ser la explicación de esta transmutación? Mi interpretación es que Cavallo se encontró, cuando asumió, con un enorme vacío de poder, luego del desplazamiento de López Murphy. Creyó llegada su hora más gloriosa, ya que venía como el salvador de un país desorientado. Advirtió, además, que el mode-lo «productivo» había calado hondo en la opinión pública, que no quería oír hablar de ajuste, sino de crecimiento.

Aceptó como buena, entonces, la antinomia «modelo productivo»/»modelo rentístico-financiero», y se lanzó a la reactivación de la economía, con los llamados «acuerdos de competitividad».

Confiado en el enorme prestigio internacional, ganado en los primeros años de la convertibilidad, pensó que los mercados financieros confiarían ciegamente en él, hiciera lo que hiciese. Pero no fue así. El hombre que a los tres meses dominaba a los mercados (según sus apologistas) asistía a una creciente desconfianza, interna e internacional, sobre sus políticas, debido a sus manipulaciones monetarias, financieras, bancarias y fiscales. Cavallo parece creer que desde un despacho ministerial se puede, por ejemplo, determinar el nivel de la tasa de interés, o bancarizar el país de la noche a la mañana, o eliminar de un plumazo cualquier otra realidad que no le guste. Esta omnipotencia lo perdió, y arrastró en su caída al débil y vacilante De la Rúa. Pudo haber complots, pero también hubo algo más en este triste final de la Alianza.

(*) Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas

Dejá tu comentario

Te puede interesar