París (Bloomberg) - En esta temporada de examen de cuentas, el panorama pasado y futuro de los mercados financieros dista de ser atractivo. ¿Por qué? Precisamente por las hipotecas «subprime» o de alto riesgo. Usted seguramente no sabía el significado de la palabra «subprime» a comienzos de 2007, por lo que era difícil (o imposible) prever el sentido que tendría para fin de año.
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El gran interrogante que ahora existe es cuál será el costo de la crisis de las hipotecas «subprime» y de la consiguiente contracción crediticia. A mediados de julio, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, dijo a la Comisión de Banca del Senado de ese país que se calculaba que las pérdidas vinculadas con los productos crediticios «subprime» serían de u$s 50.000 millones a u$s 100.000 millones. Esos números «son demasiado bajos», indicó Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs en un informe a mediados de noviembre.
Es así que basándose «en los patrones históricos de impagos y pérdidas en distintos entornos de precios de hogares», Hatzius calculó que las pérdidas en Estados Unidos llegarán a u$s 400.000 millones.
Suponiendo que los precios de las residencias en Estados Unidos y Europa bajen entre 5% y 10% durante el próximo año, las entidades que invirtieron en hipotecas de tasa no preferencial y en las obligaciones vinculadas con éstas -incluidos bancos, fondos de cobertura de riesgo, firmas de gestión de activos y aseguradoras de hipotecas-pueden perder entre u$s 350.000 millones y u$s 500.000 millones, según la firma asesora londinense Independent Strategy. Si se agregan las pérdidas que se espera tener con las hipotecas preferenciales, la cantidad ascendería a más de u$s 650.000 millones.
Reducción
Ahora bien, estas previsiones de pérdidas no son sino una parte de la historia. La otra parte tiene que ver con las repercusiones de las pérdidas en la disposición y capacidad de las llamadas entidades de inversión apalancada para continuar prestando dinero. Este sector de firmas que financian sus actividades con fondos prestados incluye a los bancos, los agentes de bolsa, las empresas patrocinadas por el gobierno, las cajas de ahorro y los fondos de cobertura de riesgo.
Según un estudio de setiembre de 1987 hecho por Tobias Adrian, de la Fed de Nueva York, y Hyun Song Shin, de la Universidad de Princeton, las entidades de inversión apalancada, particularmente los bancos y los agentes de bolsa, tratan de mantener índices de adecuación del capital constante. Así, cuando pierden dinero, estas entidades reducen las cantidades que prestan, a fin de evitar la caída de sus índices de adecuación del capital: activos divididos por recursos propios o capital exento de riesgo, como el efectivo.
Los bancos comerciales de Estados Unidos tienen en promedio unos índices de adecuación del capital de 10%, lo que quiere decir que por cada dólar de capital que pierden, ellos reducen la cantidad que prestan en u$s 10. Por tanto, suponiendo que las entidades apalancadas carguen con u$s 200.000 millones de los u$s 400.000 millones que se prevé perder en la crisis hipotecariacrediticia, la oferta de crédito disminuirá en u$s 2 billones, afirmó Hatzius. «Las probables pérdidas hipotecarias y crediticias suponen un riesgo macroeconómico considerablemente mayor de lo que suele reconocerse».
Por su parte, Independent Strategy calcula que los bancos tendrán que reducir los préstamos entre 15% y 20% para volver sus índices de adecuación del capital a los niveles previos a la crisis, y los fondos de cobertura de riesgo y los agentes de bolsa, entre u$s 18 y u$s 25 por cada dólar perdido. «Una reducción de 10% en la actividad prestamista bancaria mundial perjudicaría el aumento de la inversión empresarial y el gasto de los consumidores, lo que acrecentaría considerablemente el riesgo de una recesión económica», dijo la firma en un informe del 15 de noviembre. «Una menor tirantez en los mercados de dinero no suministrará la cura que necesitan los mercados financieros, los cuales están absorbiendo el dolor de considerables pérdidas crediticias», escribió Bruce Kasman, economista jefe de JP Morgan Chase.
Ahora que todos sabemos lo que «subprime» significa, esperemos que desempeñe un papel menos destructivo en 2008 y que llegue a ser una palabra que podamos darnos el lujo de olvidar. De lo contrario, puede convertirse en un sinónimo de la próxima recesión.
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