Se agregaron condimentos al indigesto menú que el mercado de riesgo debe tratar de digerir en estos días. Y la recomendación de la banca extranjera para dilatar los tiempos -con el presumible eco fastidioso en los gobernantes- cayó mal. Porque el Merval, empleando la estrategia de acotar sus órdenes, había conseguido una meseta y algo de rebote en la rueda anterior, pero muy condicional.
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Nada podía rozar el ambiente, si es que se quería obtener otra fecha de índice en superficie. Lo mencionado fue suficiente para borrar lo poco de aumento del martes y sumarle más de baja. Con lo cual, el Merval quedó debajo de los 1.200 puntos otra vez, tocando mínimo de 1.173 y un cierre en 1.182 puntos. Con un porcentual adverso de 1,82 por ciento.
El ritmo permaneció como lo más parejo, actuando con algo más de 60 millones de pesos de efectivo y 15 millones de pesos en CEDEAR.
Cabe apuntar que al ingresar en la zona de remate del día, últimos veinte minutos, había temores fundados de que el deterioro y las ventas se agudizaran. Esto no ocurrió, quedando como lo único rescatable de una fecha que mostró al mercado «como un fueye que rezonga», que se abre o se comprime al compás del contexto. Y, como acostumbran a decir los músicos del bandoneón, a los operadores les cuesta «estar en dedos».
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