Mientras muchos creen ver un mercado deprimido, sumamente bajo, seguimos pensando en que la actuación del índice bursátil argentino merece elogios subidos. Sin entrar a repasar todo lo que le tocó asumir en lo que va del terrible año, solamente viendo dónde se ubicó el riesgo-país y dónde está la cartera ponderada, que contiene al riesgo puro, deja un gran margen en favor de la resistencia encomiable de las acciones.
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Es también obvio que las empresas que sostienen a los papeles no están pasando por puntos buenos de su historial, salvo algunos nombres que llevan rubros especiales, sabiendo que la liquidez en general del sistema y el costo del dinero -en cauciones con picos prohibitivos- resultan veneno puro para las acciones.
El índice argentino perforó brevemente la base del cierre de 2000, después se encaramó por encima y todavía está ligeramente favorable.
Entre las idas y venidas, queda testeado muchas veces un supuesto piso cerca de los «400», ahora con volúmenes adelgazados se repiten las marcas y la resistencia del Merval responde al viejo lema de doblarse, pero no romperse. Lo malo es que no se advierten señales firmes de estímulos positivos, como para poder asistir a un repunte firme y saber si este terreno actual era, realmente, un piso sólido.
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