Pingüinos empetrolados -con perdón de la referencia- suele ser la imagen más difundida y popular, acerca de derrames petroleros que invaden alguna costa. Una imagen parecida puede asimilarse a mercados del mundo que están viendo, con temor creciente, de qué manera el vital elemento para las economías del planeta sigue en su escalada a las alturas. Y ya no es que fije nuevas marcas arriba de los 140 dólares, sino que -con total tranquilidad- ya se difunden pronósticos, que lo sitúan a un rango de 150/170 dólares el barril, para dentro de poco.
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¿Qué habrá de suceder si se arriba a tales cumbres? Es la pregunta que aterroriza a los que quieran contestarla. Y allí se instaló ese nudo actual, que ya supera a las secuelas de la crisis inmobiliaria -aunque sigue dando muestras peligrosas, a diario- como para que los músculos de los recintos bursátiles se vayan «agarrotando» un poco más cada rueda. El viernes se dio por término a otra semana de complicaciones, con el Dow Jones decreciendo en casi 1% -Shanghai había dejado su pesada carga por la madrugada, con más de 5% de rebaja- y así volvió a verse todo el circuito embardunado por manchas de petróleo: que, obvio, solamente dejaban a salvo papeles que tuvieran que ver con esa actividad. Y nuestro Merval, con el esencial concurso de una Tenaris subiendo en torno a un magnífico 4%, arrojó porcentual positivo de 1%. Pero, no replicado en listado de locales que debió decaer otro 0,45% en el día. Viendo a G. Galicia con baja de 1,6%, a la ahora cambiante de rubros Pampa Holding -en su paso a sólo «energía»- con merma de 1,3%. El riesgo-país como figura -indeseada- de subas y en camino a las alturas, mientras el «circo» de la Plaza del Congreso continuaba de lo más triste-divertido.
La única variable pareja en el período resultó, para nuestro recinto, la escasez de aportes en las órdenes y que remataron con $ 64 millones de efectivo: una etapa donde no se pudo levantar cabeza en los negocios. Salvo para los optimistas a puro corazón, la mente puesta en el escenario indica que hay aguas encrespadas: que esperan más allá. Y la Bolsa, con escafandra.
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