De la alimentación al transporte, los servicios y hasta la importación de combustible: el sector privado cubano, marginal hasta hace pocos años, se afianza en una economía en crisis y proyecta seguir creciendo al amparo de las nuevas medidas de liberalización del gobierno.
En los barrios de La Habana el auge del sector privado transformó el paisaje urbano desde la autorización de las mipymes en 2021. Locales estatales desabastecidos cierran o reducen su espacio para compartirlo con privados, mientras aparecen vitrinas y pizarras anunciando cerveza fría, electrodomésticos, repuestos de autos o restaurantes.
En una ciudad históricamente sin locales comerciales, surgieron tiendas improvisadas en viviendas e incluso en garajes abiertos a la calle.
Cambio en las reglas del juego
La apertura a las empresas privadas cambió las reglas del juego. Ante la escasez de oferta estatal, más de la mitad del comercio minorista en Cuba pasa actualmente por ese sector, según cifras oficiales.
La presunción de los economistas cubanos es que el proceso debería acelerarse, dado que el amplio programa de reformas anunciado el 18 de junio por el gobierno prevé abrir prácticamente todos los sectores de actividad a los privados.
¿Y "los cubanos a pie"?
Sin embargo, la percepción de los cubanos sobre el sector privado dista de ser uniforme. No todos reciben dólares de familiares en el exterior que les permitan comprar en los comercios privados, y su crecimiento agudizó las desigualdades. Ha surgido una pequeña clase de nuevos ricos que no duda en exhibir autos de lujo y reunirse en los restaurantes exclusivos de la capital.
"Usted va a cualquier mipyme y consigue lo que no consigue en ningún lugar", reconoce Luisa Cecilia, maestra jubilada de 77 años en declaraciones a la agencia AFP. "Hay opciones, pero no hay dinero para comprar", agrega. La misma tensión la expresa Maritza Gómez, ingeniera química de 62 años: "En algún momento habrá que encontrar una solución más viable para el pueblo, para el cubano de a pie".
El papel estadounidense
El gobierno estadounidense de Donald Trump asegura querer apoyar al sector privado cubano, al que le permite importar combustible a pesar del bloqueo petrolero impuesto desde enero.
En cinco años, las exportaciones de EE.UU. a Cuba crecieron casi cinco veces y se han diversificado. Pero las sanciones de Washington contra la isla obstaculizan la actividad de numerosas empresas.
"Estoy inmunizada"
"Hoy no estamos pensando en crecer, solamente en mantenernos", reconoció un empresario cubano de 41 años, dueño de un local, en declaraciones a AFP, mientras los cortes de electricidad y el alza de precios derivada de la escasez de combustible presionan sus costos al alza. Pese a ello, valora las reformas, que podrían habilitarle incorporar más de 100 empleados y abrir nuevas oportunidades de negocio.
La diseñadora gráfica Camila Arrieta, de 32 años, resume con ironía su experiencia: "Como empresaria, estoy inmunizada", dice, en referencia a los obstáculos cotidianos que debe sortear. Pese a ello, admite haberse puesto un plazo para decidir si cambia de rumbo profesional.
El economista cubano Carlos Enrique González, profesor de la Universidad de La Habana, llama a implementar rápidamente las reformas, tras años de inmovilismo por parte del gobierno.
Para González, más allá del desabastecimiento estatal y los precios inaccesibles del sector privado, el problema radica en "el nivel productivo de Cuba". "Un país consume lo que es capaz de producir", insiste.
Mientras tanto, La Habana cambia a la vista. Sin vallas publicitarias, proliferan los comercios y las ofertas. Pero también se ensancha la brecha entre quienes pueden pagar y quienes no, en uno de los últimos países comunistas del mundo.