Quienes prefieren los atajos achacaron 0,59% que ganó el Dow (cerró en 11.575,81 puntos) a las palabras del presidente de la Fed de Dallas, quien tras afirmar (durante un discurso en México) que estaba más preocupado por la inflación que por el crecimiento de la economía, alimentó la euforia de los alcistas al contestar a una pregunta (tal vez "tirando por elevación" contra los dichos de Greenspan del viernes último) que a pesar de los problemas en el sector inmobiliario y automotor, el resto de la economía norteamericana "anda extremadamente bien". Ante semejante optimismo no resulta nada sorprendente que la tasa a 10 años retrocediese a 4,548% y que con el crédito más barato, más de uno se lanzara a comprar acciones. Claro que mirando más de cerca lo que aconteció en el mercado, la historia parece haber andado por otros caminos.
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Por una parte, el precio del petróleo que, tras tocar un mínimo en u$s 59,52 por barril, salió disparado a u$s 61,45 sirviendo para impulsar tras de sí a todo el sector energético. Por otra parte, y en lo que fue casi una paradoja, las empresas inmobiliarias que desde los mínimos de junio parecen alimentarse de las malas noticias (se viene apostando a que la burbuja ya tocó fondo) y que ayer encabezaron las subas.
Si bien es cierto que la caída en la venta de nuevas casas fue menor que lo esperado, el resto de los "números inmobiliarios" no sólo fue malo, sino que tal vez peor o al menos "sospechosamente positivo" al decir del economista en jefe de uno de los principales bancos de inversión (Paribas) y según lo corroboró su par en la que es tal vez la más prestigiosa revista financiera del mundo (IFR).
Si a esto sumamos que la Justicia dio lugar a una "acción de clase" contra las tabacaleras y los problemas en Chiquita Brands, la conclusión parece más que se subió porque se quiso, que porque lo quiso la Fed. Como sea, volvemos a acercarnos a nuevos máximos.
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