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15 de marzo 2006 - 00:00

El sueño es borocotearse al gobierno sin escándalo

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Néstor Kirchner, Alfredo Atanasof, Andrés Zotto, Carlos Ruckauf, Ricardo Colombi, José María Díaz Bancalari y Luis Barrionuevo.

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Prácticamente todos los días los corrillos políticos se enteran de un nuevo borocoteado. A veces no hace falta el anuncio y basta con comenzar a criticar al que hasta ahora lo cobijó (como sucede ahora con Mauricio Macri y sus ex adherentes y Elisa Carrió, discutida por una parte de su propio partido, o sea los que quieren justificar una próxima o cercana estampida). Los líderes opositores prefieren -tipo Macri- cortar con los borocoteados. Hay puestos para los que se van que pueden recibir vituallas oficiales pero con prestigio menguado. Los radicales -que postergaron los despidos- no saben si pueden reponerlos porque Macri se mueve entre ideas más definidas. El PRO podrá tener matices pero no incluye populistas como los radicales.

Pareciera que la última sorpresa que falta de borocoteados es de Eduardo y Chiche Duhalde.

Esto se acentuará. En vísperas de la elección de 1952 -ya en plena dictadura-, cada deportista que ganaba algo le dedicaba el triunfo «a la reelección de Perón». Un reo ponía una tabla sobre un barril y se venía en equilibrio desde La Plata haciéndolo rodar para dedicarle la presunta hazaña a la «reelección de Perón». ¿Iremos hacia eso? Perón ya no tenía plata para repartir pero sí un carisma excepcional. ¿Se sentirá cómodo Néstor Kirchner con tantos traspasados a la espera de recompensa cuando los cambiaría a todos juntos por cien mil espontáneos reunidos para él en Plaza de Mayo?

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