No venían bien las horas expectantes, sabiéndose de modo más fehaciente que el listado de condiciones que le van exigiendo a los representantes argentinos puestos en la picota de los Estados Unidos no era sencillo de cubrir.
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«Se están avivando...», decía en tono jocoso un operador del recinto, respecto de la posición que parecen tener los de afuera para tender nuevas ayudas al país. Un día que no recibía las esperadas señales, que largó su carrera bursátil huérfana de esto y con las inquietudes locales siempre a flor de piel, provenía de una primera rueda semanal donde la flojedad se había insinuado: pero, sin romper a la baja de manera decidida. Una contención de órdenes, apostando a que llegaban noticias antes del día siguiente, forjó un cierre más benigno que la sensación térmica que se palpitaba.
Las órdenes vendedoras se adueñaron de la escena, en el mundo tampoco había buena onda bursátil, y así se retornó a una marca bajista que estaba desconocida por estos días de repuntes. El Merval, cayendo más de 3%, otra vez mirando de cerca el piso que nos envía al subsuelo de los «300» y una prédica tácita para que vengan nuevas favorables y enderecen el barco. Todo esto, con arrugados $ 11 millones de efectivo más 10% en CEDEAR. La línea que sostiene a la cartera ayer se derrumbó y de modo importante. Papeles clave, cayendo de 3% a 5%. Delicado.
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