9 de abril 2007 - 00:00

Empiezan ya a faltar bebidas por otra protesta de Moyano

Pablo Moyano
Pablo Moyano
La defensa de un contratista que hace la distribución de productos de Quilmes es la última rareza del gremio de los camioneros que hoy encabeza Pablo Moyano, hijo del secretario general de la CGT. El conflicto amenaza con escalar a un paro general en todas las plantas de la cervecera, con marchas a las embajadas de Bélgica y Brasil, países de donde provienen los actuales accionistas que controlan Quilmes.

Según Moyano, la movilización -que ya afecta el abastecimiento de cerveza, productos Pepsi, jugos Tropicana y aguas minerales Eco en varios puntos del Gran Buenos Aires- apunta a «defender la fuente de trabajo» de 2.500 personas, aduciendo que Quilmes planea «reducir de 24 a ocho» el número de distribuidoras.

Sin embargo, desde la empresa aclaran que el conflicto se limita a la distribuidora Riganti, que dejará de repartir en el partido de San Martín las aguas, gaseosas y cervezas de Quilmes a fin de año, y que emplea a 145 trabajadores. Otra empresaque cesará en esa función es Arozze, que no parece despertar el interés de Moyano.

«En noviembre pasado firmamos un compromiso garantizándoles estabilidad y respeto por sus salarios, y antigüedad a todos los trabajadores de Riganti, y vamos a cumplirlo», dijo una fuente de Quilmes. Lo curioso es que a ese acuerdo se llegó en presencia y con la intervención de los delegados de Camioneros cuando Quilmes anunció que no renovaría el vínculo con Riganti por no ajustarse a los parámetros de calidad y cumplimiento que la empresa impone a sus proveedores. En una voltereta difícil de comprender, Moyano decidió que esto no era suficiente, y ahora exige la renovación del contrato con el distribuidor, pese a que todos sus afiliados de Riganti continuarían trabajando para otras distribuidoras.

«Llamativamente, el Sindicato de Camioneros sale en defensa de un empresario ineficiente interfiriendo con una atribución básica y esencial de la dirección de la compañía: el manejo de su estrategia comercial», dijo la empresa en un comunicado. Así las cosas, desde el miércoles pasado activistas del gremio de camioneros están haciendo que el personal de las otras distribuidoras en el GBA hagan «trabajo a reglamento», que básicamente provocó que el reparto se reduzca a 50% de las cantidades habituales.

Quilmes hace la distribución de sus botellas en forma directa en las principales plazas del país, incluyendo la Capital Federal, pero la mayor parte de esa tarea está tercerizada en distribuidores independientes. «Desde que InBev (la alianza entre la brasileña AmBev y el gigante belga Interbrew) se hizo cargo de Quilmes, no se cambió nada del sistema de distribución, del que estamos orgullosos por su eficiencia», dijo la fuente de la empresa en respuesta a declaraciones de Moyano respecto del supuesto desconocimiento del mercado laboral argentino por parte de los nuevos gerentes de Quilmes.

El sábado, en una asamblea celebrada en la planta que tiene la empresa en Barracas, Moyano llamó a la «huelga general por tiempo indeterminado» contra Quilmes. Sin embargo, hay alguna posibilidad de que el conflicto se resuelva hoy, en una reunión que mantendrían los sindicalistas y representantes patronales.

«La medida de fuerza del Sindicato de Camioneros perjudica no sólo a Cervecería y Maltería Quilmes, sino al resto de las empresas distribuidoras (que son pymes y se encuentran impedidas de trabajar con normalidad), a operadores logísticos y, en última instancia, al consumidor», culmina el comunicado de la cervecera que fundó Otto Bemberg el siglo pasado.

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