Mar del Plata (enviado especial) - La embestida del presidente Néstor Kirchner, acusando a los empresarios Alfredo Coto y Horst Paulmann de «cartelizar» el sector supermercadista y de impulsar a la suba los precios, actuó como un terremoto en el Coloquio de IDEA, que ya había sido sacudido la noche anterior por el pedido del titular del BCRA, Martín Redrado, de eliminar el impuesto al cheque. El profundo impacto del mensaje de Kirchner tuvo reflejo en la prolongada ovación que acompañó el final del discurso de Coto a media tarde, en un panel que compartió con Jorge Brito (Banco Macro), Eduardo Elzstain (IRSA) y Enrique Menotti Pescarmona (IMPSA), que trataron el tema de cómo hicieron las empresas argentinas para superar la crisis.
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Coto, en medio de guiños y bromas, recordó el origen humilde de su empresa y el por qué del nombre de su cadena: «Cuando arranqué con la cadena de carnicerías integradas, mi mamá me dijo 'Ponele Coto, ¿cómo le vas a poner?'. Nosotros somos empresarios nacionales, nos ofrecieron muchos millones en el pasado para vender y elegimos quedarnos. Vamos por la tercera generación; mi empresa la manejo yo, mi esposa Gloria, mi hijo Germán y un equipo de profesionales. Somos empresarios, estamos acá y vamos a seguir peleando». Después, le pidió al gobierno que «integre lo público y lo privado, para salir al exterior a competir juntos». La ovación llegó con el cierre de su exposición: «Quise contar la historia de mi empresa y de mi familia, una empresa que va a seguir apostando en el país».
Fueron unos 40 segundos de aplausos, que en realidad se asemejaron bastante al clásico chiste «animémonos y vayan»: muy pocos empresarios -casi ninguno, de hecho, salvo el diputado electo Francisco de Narváez (ver vinculada)- se animó a respaldar «on the record» al supermercadista.
• Consecuencias
Por los pasillos del Sheraton Mar del Plata se escuchaban comentarios entre levemente indignados y muy preocupados por las consecuencias que podría tener la ira presidencial sobre la cadena de Coto, sobre todo después de que se conocieron lo dichos respaldatorios de Hugo Moyano. «¿Qué hacemos si el gobierno le manda los piqueteros a Coto?», se preguntaba en voz alta un hombre de relaciones públicas de una empresa de consumo masivo.
Horas antes, Fabio Fabbri, de Carrefour, recordó que la informalidad se lleva «casi la mitad de la comercialización de alimentos y artículos de limpieza», por lo que -aseguró- es «injusto atribuirle al supermercadismo la suba de precios». El ejecutivo afirmó, cuando Ambito Financiero le preguntó por el «método Moyano» de protesta sindical, que «sin ponerle nombres, me preocupa la operacionalidad. Las demandas hay que hacerlas en la legalidad, porque así está bien que se hagan. Pero va en contra de la ley el sistema de 'apriete' y además perjudica a todo el país. El sector está, obvio, contra este sistema. Nuestra empresa se vio afectada y recurrimos a la Justicia, porque así no es forma de negociar». En lo que hace al precio de la carne, uno de los que más pesa en la suba del IPC, Fabbri recordó una vez más que «no somos formadores de precios». Dijo que el gobierno podría «reducir la carga impositiva, que además desalentaría la informalidad, como lo propuso anoche Redrado ( estoy totalmente de acuerdo con su planteo). Y esa plata no vuelve al mercado, queda en el circuito informal». En relación con la inflación, Fabbri dijo que «mi deseo es que no haya aumentos de ningún tipo. En algunos sectores la oferta está a full, como textiles o algunos alimentos, y hay una gran demanda, en algunos casos interna y externa. Mientras esta situación se mantenga, y no se remedie con más inversión, está el riesgo de que los fabricantes sigan aumentando los precios».
Después de varios paneles que fueron poco menos que pasados por alto por los concurrentes (los pasillos hervían de versiones y de comentarios sobre lo dicho por Kirchner) llegó el que todos esperaban. Es que, además de Coto, interesaba que Brito, Elzstain y Pescarmona explicaran cómo habían sobrevivido a la crisis manteniendo además la propiedad de sus empresas. El banquero hizo una enfática defensa a la «burguesía nacional» y ensayó una «fuerte autocrítica por la pasividad que mostramos los bancos en los '90 para prestarles a pymes e individuos; era más fácil prestarle al Estado y a empresas grandes». Dijo que en esa década «el modelo prohijaba la llegada de la banca extranjera. Nuestro caso es un ejemplo de cómo una empresa puede competir de igual a igual con extranjeras», y cerró recordando que «nuestro crecimiento nunca dependió de prebendas o contratos estatales».
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